(TOMADO DE VS)
El auto de procesamiento contra el expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, por el que se le acusa de ser la cabeza de una trama de tráfico de influencias y blanqueo de capitales por el rescate a la compañía aérea Plus Ultra en 2921, constituye sin duda un nuevo y mayor golpe contra el PSOE y, en particular, contra Pedro Sánchez, que pone en extremo riesgo la continuidad de la legislatura y, sobre todo, abre una profunda crisis en el seno de un partido cada vez más dependiente de su liderazgo plebiscitario. Se produce, además, después del escándalo de corrupción de sus dos ex secretarios de organización, Ábalos y Cerdán, de la larga serie de derrotas electorales que ha sufrido en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía, y ante una crisis creciente de confianza de sus socios gubernamentales y parlamentarios; sin olvidar tampoco la condena al Fiscal General del Estado, designado por Sánchez.

Por otra parte, parece que en este caso no está claro que haya lawfare por parte del juez instructor, aunque es muy posible que en la facilitación de indicios que le han llevado a la imputación haya habido influencia de sectores vinculados a las derechas e incluso a la administración estadounidense. Tampoco es ya creíble ante la opinión pública el constante recurso por Pedro Sánchez al “y tú más” en sus respuestas al PP recordando su larga lista de escándalos de corrupción, cuyo último ejemplo es el, también gravísimo, del exministro Montoro y su “Equipo económico”.

Así pues, con lo que nos encontramos es con un nuevo escándalo de corrupción, simbólicamente más grave por afectar a un expresidente del gobierno, responsable por cierto del giro austeritario neoliberal iniciado en mayo de 2010 al que se enfrentó el movimiento del 15M de 2011. Es cierto también que no faltarían motivos para haber juzgado en su momento a anteriores ex presidentes, como a Felipe González por los GAL, a José María Aznar por haber apoyado una guerra ilegal o a Mariano Rajoy por ser la cabeza de la Gürtel. Pero nada de todo eso puede servir de pretexto para diluir la gravedad de este caso ni, sobre todo, para ocultar lo que está detrás de todos esos casos: la existencia de una corrupción estructural de la que sólo una parte ha ido saliendo a la luz a lo largo de los ya cerca de 50 años del régimen surgido de la mal llamada Transición.

Una corrupción sistémica que no es sólo característica de este régimen, sino que acompaña a la historia del capitalismo (dispuesto siempre a jugar sobre “la dualidad legal-ilegal”, en sus propias reglas de funcionamiento a la búsqueda del mayor beneficio privado posible, como recuerda David Harvey) y que ha ido extendiéndose durante la larga onda neoliberal mediante lo que se ha denominado política de los negocios. Una política que está llegando ahora a su versión más extrema con el trumpismo y su diplomacia transaccional al servicio de un régimen patrimonial que aspira a institucionalizar y a ofrecer como nuevo paradigma global1.

A la espera de lo que pueda argumentar en su defensa Zapatero el próximo 2 de junio, y más allá de lo que pueda deslindarse penalmente entre lo legal y lo ilegal en el plano penal, lo que está quedando en evidencia una vez más es que esa política de los negocios es radicalmente incompatible con una poli-ética2 coherente por parte de una izquierda que quiera ser transformadora y alternativa. No bastaría, por tanto, con exigir “iluminar de una vez la fosa de las supuestas asesorías de expolíticos, que son legión, que confunden las actividades de lobby con el tráfico de influencias”, como propone Manuel Cancio3,aunque no vendría mal que se eliminara radicalmente las puertas giratorias que las facilitan.

Si se quiere ir a la raíz del problema, habría que ir más allá con medidas como “imponer que ningún diputado gane más que un trabajador cualificado, acabar con el lobismo, establecer el control social de lo público y perseguir a las empresas corruptoras. Ese es el camino para dignificar la esfera pública y evitar la dinámica actual, en la que el escándalo forma ya parte del paisaje cotidiano de la política oficial”4. Si bien, como escribí en un artículo hace ya un tiempo:

“Pocas esperanzas caben ya en que estas élites se vean sometidas a las clásicas tensiones entre el político moral y el moralista político, según el modelo kantiano, o las derivadas de la distinción entre vivir de la política y vivir para la política de Max Weber, ya que hace tiempo que aquéllas han mostrado su vocación de vivir de la política, ofreciéndose como leales gestoras del capitalismo, limitándose en el mejor de los casos a tratar de legitimarlo con un Estado cada vez más residual del bienestar para poder así forjar más fácilmente una servidumbre voluntaria a fuer de liberal, entre los de abajo, especialmente si son varones, blancos y del Norte” (“Corrupción política, vs. democracia y socialismo desde abajo”, viento sur, 108, febrero 2010).

Crisis de régimen y ascenso del bloque reaccionario

Volviendo al caso que nos ocupa, a lo que estamos asistiendo es a una nueva fase de la crisis del régimen en un contexto de ascenso del bloque reaccionario de las derechas españolas, de declive ya difícilmente irreversible del PSOE (ni siquiera el protagonismo de Sánchez en la política exterior le está permitiendo atenuar su desgaste en el terreno electoral), y sin que la mayoría de la izquierda a su izquierda de ámbito estatal salga de su subalternidad en el seno del gobierno. Experiencias como la más reciente de Adelante Andalucía demuestran que es posible emprender otro camino para reconstruir una izquierda alternativa, anticapitalista y autónoma frente al social-liberalismo; y en el próximo periodo habrá que poner todo el empeño en extraer lecciones de ella.

Una tarea que ha de estar estrechamente asociada a las movilizaciones que se están desarrollando ahora en la educación, la vivienda, la sanidad, la solidaridad con Palestina o contra el rearme de la UE, que apuntan hacia un nuevo ciclo de protesta y de confluencia de luchas que permitan la mayor unidad de acción del conjunto del movimiento sindical y asociativo. Objetivo cada vez más necesario si queremos hacer frente en mejores condiciones a la amenaza que nos acecha de la llegada al gobierno de PP y Vox. Unos partidos que tienen un largo historial de corruptores y de corruptos entre sus filas desde los tiempos del franquismo y que están dispuestos a poner en marcha un programa racista de “prioridad nacional”, reaccionario y neoliberal.

Así que se trata de no quedarse mirando como meros espectadores si el sistema penal va a condenar o no a Zapatero, sino de avanzar propuestas radicales para romper esa espiral de corruptelas y corrupción.

Jaime Pastor forma parte de la redacción de viento sur

Notas

1/ “La era de las fronteras difusas”, Stephen Hanson y Francesco Parignano, el Grand Continent, 29/04/26, https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/30/la-era-de-las-fronteras-difusas-x/

2/ Recordemos aquella máxima de Manuel Sacristán: “Política sin ética es politiquería, ética sin política es narcisismo”.

3/ “Batiscafo iluminando las profundidades”, El País, 20/05/26.