satorzulo gorria

Romain Descottes (Miembro del colectivo de las éditions Syllepse)

El 54º congreso de la CGT, que ha tenido lugar del 31 de mayo al 5 de junio, estuvo muy marcado por la situación internacional. En este período tan particular e inquietante de aumento de nuevas formas de fascismo, el internacionalismo obrero y sindical es una brújula fundamental e indispensable. Esto es lo que la CGT quería destacar y el mensaje enviado ha sido claro. Esto se ha verificado en particular a propósito de las situaciones de guerra imperialistas, distinguiéndose el mensaje sindical de las interpretaciones neocampistas populares en una cierta izquierda mundial por su anclaje en la realidad concreta de las horas oscuras que atraviesan los sindicalistas de estos países.

Durante la mesa redonda dedicada a la paz, Bertrand Badie recordó las múltiples facetas de esta palabra que se encuentra tan fácilmente en boca de los neofascistas de nuestro tiempo. No se distingue de las cuestiones sociales y de justicia, forma un todo. Al igual que no puede desconectarse del derecho a la autodeterminación. Así, recordó en una intervención muy aplaudida que defender la paz en Ucrania, es defender el derecho a defenderse con armas para este pueblo agredido.

Nasser Abu Baker, presidente del Sindicato de Periodistas Palestinos, Yurii Samoilov, responsable regional de la KVPU de Ucrania y Guy Kuku, Secretario General de la CGT de la República Democrática del Congo, se sucedieron en el mismo sentido. Sus fuertes y conmovedoras intervenciones insistieron en la exigencia de una solidaridad internacional sin exclusividad.

El compañero de la RDC recordó que su país estaba pasando por lo que las Naciones Unidas califican como el conflicto más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial. Felicitó a la CGT por su convoy intersindical para Ucrania, afirmando su solidaridad con este pueblo agredido, y deseaba que se organizara una iniciativa de la misma naturaleza para su propio país. Por tanto hay que tomar nota.

Esta solidaridad con un pueblo agredido es tan aterradora que, en Bielorrusia, Lukashenko ha tratado de eliminar el sindicalismo independiente posicionado en apoyo de las y los ucranianos. Esto es lo que dijo Siarhei Antusevitch, vicepresidente del BKDP de Bielorrusia en el exilio, después de las intervenciones de estos camaradas. Desde el gran movimiento de huelga de 2020 hasta el sabotaje de los suministros de guerra en 2022, las y los sindicalistas bielorrusos han sido símbolos de la fuerza de la solidaridad obrera tanto como de los profundos temores de Putin y Lukachenko.

El lunes 1 de junio, como cierre del informe de introducción al congreso de Sophie Binet, los compañeros palestinos, ucranianos, cubanos y congoleños serán invitados a la tribuna. Todos y todos ovacionados por los congresistas, estarán en sintonía con los debates y las orientaciones adoptadas por el congreso: una solidaridad internacional si exclusivas.

Yurii Samoilov intervendrá por segunda vez, el martes por la noche, durante el encuentro contra la extrema derecha. Junto con otros trece sindicalistas de todos los rincones del mundo, recordará entre los aplausos de los delegados que:

“La clase capitalista ucraniana, que actualmente está destruyendo los derechos de las y los trabajadores […] debe recordar que la clase trabajadora ucraniana está armada. Y la clase trabajadora francesa debe recordar que ganó todos las conquistas sociales después de la Segunda Guerra Mundial porque estaba armada”.

Publicamos a continuación las dos intervenciones completas de Yurii Samoilov en este Congreso.

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Extrema derecha: de las tribunas de Francia a las trincheras de Ucrania

Yurii Samoilov

Europa está experimentando hoy una sacudida política tectónica. El consenso habitual de las fuerzas centristas es sustituido por una nueva realidad: el rápido crecimiento de la popularidad de los movimientos de ultraderecha.

Para entender hacia dónde se dirige nuestro continente, hay que comparar dos ejemplos radicalmente diferentes: por un lado, Francia, donde la extrema derecha se ha convertido en una máquina electoral que tiene la posibilidad real de tomar el poder. Por otro lado, está Ucrania, donde el radicalismo de derecha, contrariamente a los relatos de propaganda, no tiene ningún peso político en el parlamento, sino que se ha transformado frente a una guerra a gran escala.

Francia: de corriente marginal a corriente política importante

Empecemos por Francia. El acontecimiento de los últimos años aquí es el éxito del partido Rassemblement national bajo la dirección de Marine Le Pen y Jordan Bardella. En las elecciones, recogen millones de votos.

¿Cómo lo hicieron? El secreto radica en una estrategia de “desdiabolización”. La extrema derecha en Francia se quitó sus pesadas botas, se puso trajes caros y sustituyó la retórica agresiva por eslóganes económicos populistas. Ya no hablan de superioridad racial. En cambio, apuntan a los puntos débiles de la sociedad francesa:

– crisis del coste de vida y fracaso de la reforma de las pensiones de Emmanuel Macron;

–  un enfoque sesgado en la migración y la identidad nacional;

– un euroscepticismo presentado como la voluntad de “defender al trabajador francés”.

La extrema derecha francesa ha llenado hábilmente el vacío dejado por los partidos tradicionales de izquierda y derecha. Hoy no solo seduce a una minoría marginal, sino a la clase media, la juventud y las y los trabajadores. Busca presentarse como una alternativa creíble al gobierno actual.

Ucrania: mitos de propaganda vs cifras reales

Ahora, pasemos al este de Europa, a Ucrania. Aquí vemos una imagen completamente diferente, que refuta totalmente las ruidosas declaraciones del Kremlin sobre el “régimen nazi”.

Si en Francia la ultraderecha se ha convertido en una fuerza parlamentaria, en Ucrania su peso electoral está cerca de cero. En las últimas elecciones legislativas de antes de la guerra, la coalición de todas las fuerzas de derecha (incluyendo Svoboda, Sector de derecha y Cuerpo Nacional) obtuvo en total solo un poco más del 2% de los votos y no pudo ser elegida para el parlamento.  Cuando incluso estos partidos de extrema derecha han sido abiertamente financiados por oligarcas ucranianos. Desde su independencia, la sociedad ucraniana ha demostrado una fuerte inmunidad frente al radicalismo político de extrema derecha.

Sin embargo, el movimiento de extrema derecha en Ucrania tiene su propia particularidad: la militarización. Desde 2014, y especialmente después de la invasión a gran escala, los representantes de organizaciones de extrema derecha han abandonado los mitines y se han ido al frente. Unidades como Azov o el Sector Derecho se han convertido en parte integrante de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Nacional.

Se ha producido una transformación única en Ucrania: el radicalismo de derecha se ha disuelto en patriotismo nacional. Los dogmas ideológicos han dado paso a una tarea puramente utilitaria: proteger al Estado ucraniano de la destrucción. La extrema derecha ucraniana hoy no es un político que reclama el poder, es un luchador en una trinchera, subordinado a la jerarquía militar.

Paralelamente, vemos que muchos jóvenes que empezaron militando en la extrema derecha cambian de opinión y pasan a la izquierda.

Comparación y desafíos para el futuro

Al comparar Francia y Ucrania, observamos una paradoja. En la próspera y democrática Francia, la extrema derecha ha sabido utilizar con éxito las herramientas de la democracia para socavarla desde dentro, cambiando el equilibrio de poder en el corazón de la Unión Europea. Su avance es el resultado de una crisis sistémica de confianza en los líderes y de la debilidad de la izquierda.

En la Ucrania en guerra, a pesar de las condiciones extremas que generalmente dan lugar al radicalismo, la sociedad elige el centrismo, los valores democráticos y un camino hacia la integración en la UE. Pero otro de los resultados obvios de la guerra es el fortalecimiento de las desigualdades entre las clases sociales. En Ucrania, la gente común dice: los pobres luchan, los ricos engordan. Hay que deducir que en un futuro próximo en Ucrania podríamos asistir a la aparición de una poderosa fuerza política de izquierdas. Además, la guerra en Ucrania ha dividido a la extrema derecha europea. Mientras que la extrema derecha polaca o finlandesa considera a Moscú como una amenaza directa, el Rassemblemente national francés se ha apoyado durante mucho tiempo en una retórica pro-Putin, aunque ahora se vea obligado a maniobrar.

Conclusión

Para resumir, el ascenso de la extrema derecha en Europa no es una marcha única bajo la misma bandera.

En Francia, es una crisis de una sociedad occidental bien alimentada que quiere aislamiento. En Ucrania, se trata de una forma radical de lucha por la supervivencia de la nación, que paradójicamente mantiene al país en el marco de una opción democrática.

La principal lección para nosotros es simple: la democracia es vulnerable cuando las autoridades dejan de escuchar a sus ciudadanos. Y para contrarrestar el radicalismo, no es necesario prohibirlo, sino resolver eficazmente los problemas en los que parasita.

Y los capitalistas ucranianos, que actualmente están destruyendo los derechos de las y los trabajadores adoptando nuevas leyes como el Código del Trabajo, la Ley de Protección Laboral, la Ley de Salarios, la Ley de Diálogo Social, deben recordar que la clase trabajadora ucraniana está armada.

Y la clase trabajadora francesa debe recordar que ganó todas las conquistas sociales después de la Segunda Guerra Mundial porque estaba armada.

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Mundo híbrido, guerra híbrida y colonialismo híbrido de la era moderna

Yurii Samoilov

Estimadas y estimados colegas,

Hoy vivimos en una época en la que los libros de texto clásicos de ciencias políticas y asuntos militares se están quedando rápidamente obsoletos. La frontera entre la paz y la guerra, que antes nos parecía obvia e inquebrantable, casi ha desaparecido. Bienvenida al mundo híbrido.

¿Qué es? Es un estado de las relaciones internacionales en el que la ausencia formal de una declaración de guerra legal a gran escala no significa seguridad. Hoy la paz no es la ausencia de guerra, es una fase en la que la violencia armada abierta ha dado paso a una presión oculta, total y constante. Los instrumentos de esta presión han sido las sanciones económicas, los ciberataques, el chantaje energético y, sobre todo, las guerras cognitivas, batallas sobre cómo piensan las personas y en qué creen.

Guerra híbrida y colonialismo híbrido

Cuando la presión latente pasa a una fase abierta, nos enfrentamos a la guerra híbrida. Su principal diferencia con los conflictos clásicos del siglo pasado radica en la sinergia. Los tanques y la artillería pueden retumbar en el campo de batalla, pero al mismo tiempo, los servidores de infraestructura crítica son cortados en la retaguardia, y las noticias falsas coordinadas se difunden a millones de personas a través de las redes sociales, paralizando el deseo de resistir. Los ciberataques, la desinformación y el estrangulamiento económico ya no son elementos auxiliares. Están al mismo nivel que el equipo militar.

En este contexto está surgiendo un fenómeno que los investigadores llaman colonialismo híbrido. El colonialismo clásico del siglo XX requería la presencia física de un gobernador general, tropas y el izado de una bandera en el territorio ocupado. El colonialismo híbrido opera de forma más sutil. Su objetivo no es la ocupación física de cada kilómetro cuadrado, sino el establecimiento de un control total sobre tres esferas clave de un Estado soberano:

– económico (a través de trampas con la deuda, una dependencia crítica de los recursos o las tecnologías);

– lo informativo (a través de la creación de redes mediáticas que dictan la agenda de otro a la sociedad); las redes sociales eran una herramienta de solidaridad popular y promoción de la sociedad civil, pero se han convertido en una herramienta de desinformación;

– política (por la erosión de las instituciones nacionales y la introducción de agentes de influencia).

La víctima de este colonialismo sigue siendo formalmente un Estado independiente, tiene su propio himno a la ONU, pero sus recursos, su política exterior y su conciencia pública están completamente subordinados al centro externo del poder.

Nudo ucraniano: entrelazamiento de todas las prácticas híbridas

Ucrania se ha convertido en el epicentro en el que estos tres conceptos -paz híbrida, guerra y colonialismo- se han encontrado en un momento trágico. El conflicto aquí comenzó mucho antes de la invasión a gran escala: se ha desarrollado durante años en el espacio mediático, en la esfera energética, en el ciberespacio y en relatos historicos. Un intento de privar a Ucrania de una verdadera subjetividad, de subordinar su vector económico y político, es una manifestación clásica de las prácticas neocoloniales del siglo XXI, integrada en las tecnologías modernas.

Formas de resolver y poner fin a la guerra: un punto de vista de experto

¿Cómo detener esta guerra en condiciones en las que la diplomacia clásica está en un punto muerto? Las negociaciones “por el placer de negociar” no funcionan en el mundo híbrido, solo dan tiempo al agresor para reagrupar sus fuerzas. En mi opinión, la solución a la cuestión de poner fin a la guerra en Ucrania radica en el plan de destruir la arquitectura misma de las amenazas híbridas.

Se necesitan tres pasos específicos para lograr una paz duradera:

Primero: la destrucción de las herramientas híbridas. La guerra se detendrá cuando sea económica y tecnológicamente imposible para el agresor. Para ello, es necesario que los países democráticos ya no se contenten con expresar su “profunda preocupación”, sino que corten los canales de elusión de las sanciones, que priven al agresor del acceso a tecnologías críticas de doble uso y que aíslen a las instituciones financieras que financian la guerra. Si el agresor no tiene chips para sus misiles y dinero para pagar a los mercenarios, la máquina híbrida se derrumbará. Los sindicatos están directamente relacionados con la producción. Los sindicatos pueden y deben detener la máquina de guerra.

Segundo: la restauración del derecho internacional mediante garantías firmes. El sistema de seguridad anterior (ONU, OSCE) ha demostrado su debilidad institucional frente a las amenazas híbridas. La paz en Ucrania no puede basarse en promesas. Se necesitan garantías de seguridad multilaterales estrictas y jurídicamente vinculantes, respaldadas por el verdadero potencial de defensa de los aliados. El agresor debe entender claramente: no respetar las fronteras o hacer un ciberataque a gran escala implicará una respuesta instantánea y destructiva.

Tercero: descolonización mental y sostenibilidad. Para detener el colonialismo híbrido, la sociedad debe tener una soberanía cognitiva. Esto significa inversiones a largo plazo en ciberseguridad, protección de infraestructuras de información y pensamiento crítico de la ciudadanía. La capacidad de la sociedad para reconocer la manipulación y la información falsa constituye una línea de defensa, al igual que la defensa aérea en el frente.

Conclusión

Estimados colegas, el mundo híbrido es una realidad en la que tendremos que vivir durante décadas. Pero la guerra híbrida no es invencible. El fin de la guerra en Ucrania y la prevención de catástrofes similares en el futuro solo serán posibles cuando la comunidad internacional deje de percibir estos eventos como una disputa territorial local. Es un desafío global para la humanidad. Y la respuesta debe ser un retorno duro e intransigente a los principios del derecho internacional, apoyado por la fuerza, la tecnología y la unidad del mundo democrático. Y los sindicatos estarán a la vanguardia de este movimiento. La CGT ya está en este camino. Preservemos la paz para nuestros hijos.