satorzulo gorria

Édouard Soulier//

Quince años después del inicio de la revolución tunecina, el régimen autoritario establecido por Kaïs Saïed multiplica las detenciones, los juicios injustos y la represión contra toda la sociedad civil. Ante esta ofensiva, la solidaridad internacional es más necesaria que nunca.

La revolución tunecina, que comenzó hace 15 años, puso fin al brutal régimen del dictador Ben Ali después de casi 23 años de reinado. El proceso de transformación de la sociedad iniciado entonces fue poco a poco cuestionado, y luego interrumpido abruptamente hace cuatro años por el actual presidente, Kaïs Saïed. Elegido “por defecto” en 2019, candidato considerado inofensivo y opuesto a un establishment y partidos políticos cada vez más corruptos, se aprovechó del descrédito de casi toda la clase política durante la década post-revolucionaria. Esto explica por qué el golpe de Estado de julio de 2021 gozó de cierto apoyo popular. Con el pretexto de las amenazas tanto islamistas como sionistas y migratorias, Kaïs Saïed tomó el control de todos los engranajes del poder en pocos meses.

Un poder basado en la represión

El poder de Kaïs Saïed se instaló en el contexto de la paranoia y la lucha contra la corrupción, pero también de la estigmatización de las y los inmigrantes, con el pretexto de la lucha contra las “influencias extranjeras” e incluso, sin vergüenza alguna, contra el “imperialismo”. Al mismo tiempo, Kaïs Saïed aceptó, para rescatar las arcas del Estado, convertirse en el auxiliar de Europa en la represión de las travesías de las y los exiliados. Designa constantemente a un enemigo interno, demonizando a sus oponentes, a la sociedad civil o incluso a los jueces, para justificar la escasez de alimentos, los cortes de electricidad y todas las dificultades de la vida cotidiana.

Desde 2021 Kaïs Saïed ha utilizado masivamente la prisión preventiva, sin juicio, así como una ley sobre “noticias falsas”, que permite detener a cualquier oponente. Otra palanca: las acusaciones de violación de la seguridad del Estado y de terrorismo, a veces punibles con pena de muerte. Después de atacar a los principales opositores políticos en 2023, Kaïs Saïed ha extendido gradualmente la represión a toda la sociedad civil.

Juicios políticos

A principios de diciembre cayeron las sentencias en apelación del juicio mediático llamado de la “conspiración contra la seguridad del Estado”, realizado contra periodistas, abogados, opositores políticos, defensores de los derechos humanos, altos funcionarios y ciudadanos ordinarios. En abril, en primera instancia, se dictaron penas de prisión delirantes, de hasta 66 años, tras un procedimiento marcado por violaciones muy graves de los derechos de la defensa. El tribunal de apelación de Túnez finalmente confirmó penas que van de 2 a 45 años de prisión.

Los contornos de la “conspiración” han permanecido extremadamente vagos, las pruebas inexistentes y, sobre todo, a los acusados se les impidió defenderse. La mayoría de las “pruebas” se basan en simples reuniones con representantes y diplomáticos europeos, presentados como una demostración de una colusión internacional. Hay que señalar que, entre los acusados, BHL  (!) (Bernard-Henri Lévy escritor francés sionista, defensor del Estado de Israel, negacionista del genocidio en Gaza ndt)  ha endosado 33 años de prisión por acusaciones claramente antisemitas. Esta teoría antisemita de la conspiración, en la que se instrumentaliza el antisionismo, también está teñida de racismo negrofóbico, con el telón de fondo de la fantasía del “gran reemplazo”. Para intentar demostrar que todavía goza de apoyo popular, Saïed organizó a finales de diciembre en Túnez una manifestación de apoyo de alrededor de mil personas, una cifra baja a pesar del apoyo de la policía y el uso de los recursos del Estado.

Una resistencia que persiste

A pesar de la represión, la resistencia sigue organizándose: las campañas de apoyo a las personas presas se multiplican y continúan manifestándose todos los meses en Túnez. El movimiento anticontaminación en Gabès también continúa (ver https://www.elsaltodiario.com/tunez/gabes-50-anos-muerte-lenta y https://www.federacionanarquista.net/tunez-reanudan-protestas-por-contaminacion-de-planta-quimica/   ndt). Las condiciones económicas, combinadas con la represión delirante impuesta por el poder, han debilitado profundamente a las organizaciones políticas y sociales. Quince años de revolución no se desvanecen así y la resistencia sigue viva, pero es esencial apoyar masivamente a las y los activistas tunecinos, encarcelados o no, y demostrar que el pseudo antiimperialismo de Saïed solo sirve para fortalecer un Estado policial al servicio, precisamente, del imperialismo.

Semanario L’Anticapitaliste – 781 (24/12/2025)

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/tunisie-soutien-aux-prisonnieres-stop-la-repression

Traducción: Satorzulogorria