satorzulo gorria

Entrevista con Yoletty Bracho y Franck Gaudichaud*

Martin Noda//

¿Cuáles son las razones de los recientes cambios en la geopolítica del Caribe?

Desde la llegada del poder de Trump, se ha observado un cambio geopolítico en el Caribe: fortalecimiento masivo de la flota militar, bombardeos de barcos a los que se presenta como transportes de drogas a los Estados Unidos, despliegue récord de soldados y armas: portaaviones, submarinos nucleares, destructores, es decir, tal vez 14.000 soldados. Nunca ha habido tantos militares en el espacio caribeño desde la invasión de Panamá contra Noriega o la intervención en Haití en la década de 1990.

Esto forma parte de la política imperialista de Trump, pero constituye un salto cualitativo. América Latina ha sido considerada como el patio trasero de los Estados Unidos desde finales del siglo XIX, pero el entorno de Trump, incluido el muy virulento Marco Rubio, busca recuperar el control del espacio latinoamericano en nombre de una «seguridad hemisférica». Estas son continuidades observables bajo Obama o Biden, pero Trump 2 da un nuevo paso, ejerciendo la máxima presión sobre Maduro, amenazando todo el Mar Caribe y Colombia, y también apuntando a los recursos naturales.

Este activismo militar forma parte de una competencia interimperial. El imperialismo estadounidense está en declive, aunque sigue siendo dominante. Algunos hablan de una “dominación sin hegemonía” en la que la fuerza bruta es puesta en primer plano por la administración Trump. Desde la década de 2000 China ha ocupado un lugar considerable en América Latina: primer socio comercial de América del Sur, segundo de México. El almirante del Comando Sur estadounidense afirmó que había que oponer a la presencia china una presencia militar reforzada. La “estrategia MAGA imperial” descrita por John Bellamy Foster es contradictoria: base social proteccionista hostil a los despliegues militares, pero con la burguesía estadounidense exigiendo el control de su patio trasero.

¿ Está Trump tratando de derrocar al régimen venezolano?

Estas presiones militares apuntan claramente a Venezuela. Desde la llegada de Chávez, las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela son estructurales, vinculadas a la aparición de un gobierno que se presentaba como de izquierda, revolucionario, y que propuso al continente una alternativa al liderazgo estadounidense. La confrontación fue inmediata: actividad contra de Chávez, luego golpe de Estado de 2002 abiertamente apoyado por Washington, y apoyo constante a la oposición tradicional, a veces a través de la vía electoral, a veces comprometida con intentos de derrocamiento extrainstitucional.

Después de la muerte de Chávez, Maduro llegaal poder en 2013 y la presión estadounidense se intensifica: sanciones contra personas allegadas al régimen, sanciones contra la empresa petrolera nacional, luego sanciones que prohíben al Estado adquirir deuda, agravando una crisis económica ya presente. Estas crisis no solo se debe a las sanciones: también se deriva de las decisiones económicas del chavismo en el poder, pero las sanciones la hacen mucho más dura.

Durante esta fase se produce un giro autoritario del gobierno de Maduro, marcado por una ruptura con los valores democráticos inicialmente destacados por la revolución bolivariana, así como por una mayor represión contra la población, contra las y los opositores y muy específicamente contra las fuerzas de izquierda. Este autoritarismo real es utilizado por Estados Unidos para presentarse como defensores de la democracia: apoyo a la opositora María Corina Machado – Premio Nobel de la Paz- y adopción de un discurso de “lucha contra el narcoterrorismo”. Según este relato, el gobierno de Maduro enviaría deliberadamente drogas y migrantes para desestabilizar a Estados Unidos. Por supuesto, Estados Unidos nunca ha tenido como objetivo el bienestar de las poblaciones latinoamericanas: no es matando a más de 80 personas en el Mar Caribe como se construye un camino hacia la democracia.

Trump a menudo es contradictorio: conversaciones puntuales con Maduro, amenazas de intervención, presiones máximas, evocación de acciones de la CIA, sin intervención terrestre directa. Sin embargo, la presencia del portaaviones Ford marca una clara escalada militar. Los ataques no solo afectan a Venezuela: los ataques en el Mar Pacífico se han dirigido a barcos colombianos, y las personas detenidas procedían de Ecuador, lo que muestra la ampliación de la presión a toda la región. También hay un componente interno, especialmente en las comunidades latinoamericanas hostiles a Maduro, que constituye una base electoral movilizable, especialmente por Marco Rubio.

¿Trump apunta solo al régimen venezolano o es un proyecto más general para la región?

Trump también apoya a las fuerzas de extrema derecha latinoamericanas: apoyo a Milei en Argentina con amenazas a las relaciones bilaterales, presiones sobre Brasil tras el encarcelamiento de Bolsonaro, felicitaciones inmediatas tras el cambio de Bolivia hacia la derecha, y posible dinámica similar en Chile.

Esta ofensiva imperialista no reproduce mecánicamente las políticas de la década de 1970, aunque algunos autores hablan de una “nueva guerra fría”. El contexto es más complejo, mezclando presiones externas y negociaciones discretas. El ejemplo es elocuente: mientras Estados Unidos pide evitar el espacio aéreo venezolano debido a las actividades militares, llega un vuelo desde Estados Unidos con doce deportados, lo que muestra la existencia de acuerdos bilaterales. Detrás de una ruptura diplomática anunciada, continúan las concesiones petroleras y los intercambios de prisioneros.

¿Cuál es la respuesta de Maduro a la situación?

Ante los primeros ataques, la primera reacción del gobierno de Maduro fue negar los hechos, afirmando que las imágenes fueron producidas por inteligencia artificial. Esto dejó sin recurso a las familias de las personas ejecutadas, incapaces de pedir justicia ni al gobierno de Maduro ni al de Estados Unidos. A continuación, Maduro muestra una postura de fuerza y moviliza a la población, mientras busca espacios para la negociación diplomática, invoca la paz y presenta a Trump como un posible interlocutor. El gobierno de Maduro es consciente de que no es en absoluto capaz de enfrentarse militarmente a la mayor potencia militar del mundo. Esta tensión también le sirve internamente para estrechar filas, neutralizar las disidencias y reprimir a la izquierda crítica.

Regionalmente una posición importante es la del gobierno Petro en Colombia: denuncia explícita de la presencia militar estadounidense, negativa a apoyar a Maduro, llamamiento a una solución negociada y oposición a cualquier intervención militar, porque Colombia también está amenazada y acusada de narco-estado. La cuestión es la de una solidaridad regional entre los movimientos populares y los gobiernos progresistas, que no existe hoy en día.

¿Qué tipo de solidaridad hay que construir entonces?

Para nosotros y nosotras, aquí se trata ante todo de una clara solidaridad antiimperialista, que denuncia la estrategia de Trump en el Mar Caribe y esta nueva agresión imperialista. Para el NPA, esto implica pensar en una estrategia unitaria en Francia, ya que es probable que la situación siga empeorando en las próximas semanas.

Al mismo tiempo, nuestra solidaridad no es una alineación con el régimen de Maduro, que es claramente autoritario. Dentro de la izquierda europea y francesa, a veces existe una visión muy simplificada en la que el antiimperialismo significaría alinearse detrás de cualquier gobierno cuando sea un objetivo de Washington. Esta no es en absoluto nuestra perspectiva. Nuestra solidaridad debe ser con los pueblos, los movimientos sociales, las fuerzas progresistas autónomas, y no con los regímenes autoritarios.

Las visiones binarias de la situación impiden ver las luchas internas en Venezuela. La izquierda revolucionaria venezolana, a veces derivada del chavismo, denuncia el autoritarismo de Maduro y se convierte en un objetivo para él: desapariciones, detenciones, acusaciones de terrorismo o incitación al odio. Esto también afecta a periodistas, investigadores en ciencias sociales, activistas ecologistas. Comprender estas luchas supone superar una visión binaria en la que el antiimperialismo de fachada del gobierno justificaría automáticamente un apoyo.

Para entender esto, y para establecer estos vínculos, hay que ir más allá de una visión binaria: la que querría que el discurso antiimperialista de Maduro -denunciado como un discurso de fachada por la izquierda venezolana- justificara automáticamente una solidaridad con su gobierno. Es precisamente al hacer más compleja la mirada como podemos ver la realidad tal y como es.

Semanario L’Anticapitaliste – 779 (11/12/2025)

*  Yoletty Bracho es profesora-investigadora y especialista en Venezuela, y Franck Gaudichaud, forma parte de la comisión internacional del NPA

*Este artículo es una síntesis elaborada por la redacción de l´Anticapitaliste. La entrevista completa se puede ver completa (27 minutos) en  el canal de Youtube de                        l´anticapitaliste:
https://www.youtube.com/watch?v=atzBDIPeAmE  (entrevista en francés pero que se puede seguir muy bien con la traducción automática de youtube ndt).