satorzulo gorria

Martxelo Diaz//:
Tomado de NAIZ

ENTREVISTA ¨:Josu Chueca (Historiador)

Este sábado se cumplen 50 años de la matanza de Montejurra, en la que ultraderechistas mataron a Aniano Jiménez y Ricardo García Pellejero. El historiador Josu Chueca, testigo directo de los hechos, subraya que medio siglo después, la impunidad sigue vigente.

Se cumplen 50 años de la matanza de Montejurra. La palabra que mejor define lo sucedido sigue siendo impunidad.

En caliente, es decir, a los pocos días de haber ocurrido lo de Montejurra, que fue el 9 de mayo, domingo, una revista que empezaba entonces a editarse en Iruñea, ‘Punto y Hora de Euskal Herria’, le dedicó la portada del 15 de mayo. Junto a una de las fotografías en las que apareció el que se conoció como «el hombre de la gabardina», el titular que pusieron era «Impunidad». Se marcaba ya el contraste de algo que se había visto, que se había fotografiado, que había aparecido en varios medios como el ‘Diario de Barcelona’ –que el martes publicó una foto del «hombre de la gabardina» disparando a Aniano Jiménez, uno de los dos muertos– y que esta persona estuviera sin ser detenida. De hecho, se entregó él a los días en la Comandancia de la Guardia Civil en Huelva. Ya entonces se subrayaba que habían matado a dos personas, reventaron la concentración carlista en Iratxe y luego en el monte y, sin embargo, todos pudieron salir de allí en un régimen de absoluta impunidad. A Sixto de Borbón-Parma, que era uno de los cabecillas, le dejaron salir de España cuando el juez de Estella había pedido interrogarlo. Salieron de allí, de Montejurra, de Iratxe, de Estella, en total impunidad.

Fue escandaloso porque se había visto y fotografiado delante de cientos de personas la agresión. Terminaron deteniendo e interrogando a varias personas, entre ellos al «hombre de la gabardina», José Luis Marín García-Verde, que es el que mata a Aniano en Iratxe. Fueron cuatro detenidos que pasaron a prisión, pero seis meses más tarde, en enero de 1977, el juez Rafael Gómez Chaparro, del Tribunal de Orden Público, los pone en libertad y el sumario se cierra. Luego vino la amnistía de octubre de 1977, por lo que no hubo ya ningún juicio. ¿Pero por qué podemos hablar de que 50 años después se sigue en un régimen de impunidad? Impunidad es ausencia de castigo, pero se puede extender al sentimiento de que nunca se investigaron las responsabilidades que hubo.

En estas cuestiones, siempre reivindicamos el elemento de la verdad. No se esclarecieron aspectos fundamentales en los que el Estado tenía una gran responsabilidad. Desde el punto de vista de la verdad histórica y la memoria democrática es necesario conocer qué ocurrió allí que nunca se investigó. Ya es imposible aplicar castigos porque han muerto prácticamente todos los que intervinieron, pero hay que conocer qué pasó. Un ejemplo bien claro. Que yo sepa no ha habido ninguna iniciativa de Gogora ni del Instituto Navarro de la Memoria, que debería estár más involucrado. ¿Por qué el Instituto Navarro de la Memoria, aprovechando el 50 aniversario, no ha abierto una línea de investigación? ¿O que se desclasifique la documentación que pueda haber en secretos oficiales? ¿O la documentación que habrá en archivos de la Guardia Civil o del Ministerio del Interior?

En el Archivo General de Navarra, al que se transfirieron los papeles del Gobierno Civil de Navarra, no hay nada de Montejurra 76. Es evidente que esa documentación se ha hecho desaparecer o está en otras instancias. No se trata solo de hacer actos simbólicos de cara a los medios. Es necesario el conocimiento previo de todo lo que ocurrió, tanto en el caso de Montejurra como en otros.

«Ahora sabemos lo que se sospechaba entonces, que el Estado intervino con mercenarios para reconducir la cuestión del carlismo como opositor a Juan Carlos»

Hablamos de un contexto histórico muy concreto, el de la llamada «Transición», con episodios como el 3 de Marzo en Gasteiz o Sanfermines del 78, que muestran que hubo una voluntad de controlar la reforma.

En el caso de Montejurra es bien claro. Francisco Franco había muerto cien días antes. Un mes antes se produjo la matanza de Gasteiz, donde intervienen las fuerzas policiales directamente. En Montejurra se interviene por parte del Estado directa e indirectamente. La Guardia Civil está allí, pero tiene una actitud de pasividad total ante la agresión. De hecho, el primer tiroteo se dio delante de ellos. Tenían delante al «hombre de la gabardina», pero ni se le detuvo ni se le identificó. Ahora sabemos lo que se sospechaba entonces, por la aparición de documentos. Se sabe que el Estado intervino allí a través de los servicios de Inteligencia y mercenarios que estaban trabajando, entonces y posteriormente, para el Estado.

Hay una intención de intervenir del Gobierno que presidía Carlos Arias Navarro, en el que estaban presentes elementos muy importantes en el proceso transitorio como Rodolfo Martín Villa y Manuel Fraga Iribarne. Es una intervención del Estado para reconducir la cuestión del carlismo como opositor a Juan Carlos, que era la solución sucesoria escogida por el franquismo desde muy atras. Desde 1948 estuvo formándose bajo la tutela de Franco y desde 1968 fue investido heredero. En noviembre de 1975 fue nombrado rey y querían eliminar totalmente la oposición de la rama carlista de Borbón-Parma. E intervienen directamente, aunque sea de forma camuflada. Trabajaban ya en lo que luego será la guerra sucia de la Transición.

«El carlismo que sigue a EKA da un giro ideológico de 180 grados y se define como socialismo autogestionario»

Cuando hablamos ahora del Partido Carlista puede sonar a minoritario, pero en esa época tenía implantación en zonas de Nafarroa y fue el germen de una articulación de conciencia nacional de Euskal Herria, más allá de la cuestión dinástica. 

Pienso que el Partido Carlista, salvo en Nafarroa, ya no tenía una importancia política significativa. Menos en el resto del Estado. El carlismo durante todo el franquismo vivió en un régimen de tolerancia. Aunque desde mediados de los 60 empezaron a disentir. En 1968 expulsan a los Borbón-Parma y se convierten en disidentes del franquismo y pasan a formar parte de la oposición antifranquista. En el País Vasco, la antigua Comunión Tradicionalista Carlista se convierte en Partido Carlista y en 1975 pasa a llamarse Euskadiko Karlista Alderdia. Tenía implantación significativa en Navarra, pero no era una fuerza de oposición tan importante como el PCE en el resto del Estado. O en el caso de Euskal Herria, la propia izquierda radical. LCR-ETA(VI), ORT, EMK o el PTE, en su conjunto, tenían más implantación. Sí que tenía una antigua base de masa, una estructura legal de círculos carlistas, la revista ‘Montejurra’, el diario ‘El Pensamiento Navarro’ –aunque en la última fase lo pierden a manos de los carlistas conservadores–. Tenían una base sociológica en determinados puntos de Navarra que seguía siendo relativamente importante.

En los procesos electorales, en 1979, en cambio fueron incapaces de conseguir ni un solo diputado por Navarra aunque presentasen al propio Carlos Hugo. Es verdad que para entonces gente que había venido del carlismo ya ha pasado a estas organizaciones de izquierda. El carlismo que sigue fiel a EKA hasta principios de los 80 viene de esa sociología carlista de siempre, pero ideológicamente da un giro de 180 grados y se define como socialista autogestionario.

En la cuestión de las nacionalidades, si cogemos las publicaciones que tenía EKA a partir de 1975, la revista ‘Denok batean’ es un discurso totalmente abertzale. El dirigente carlista Federico Tajadura [posteriormente fue al PSN], en ‘Punto y Hora’ se muestra partidario del Estatuto de Estella de 1931, el que hablaba de Estado Vasco, el más radical desde el punto de vista nacional. No tiene nada que ver con el carlismo de antes de la guerra.

Ha comentado sobre la Ley de Secretos Oficiales. ¿Considera que sería positiva su derogación para que el acceso a documentos no dependiera de la voluntad del gobierno de turno? 

Siendo realistas y sin pecar de ingenuos, es necesario derogar la Ley de Secretos Oficiales y que no haya ninguna ley. Pero es de ingenuos pensar que hoy en día no haya sido destruida la documentación que pueda afectar a puntos calientes del Estado. Si ponemos todas nuestras esperanzas en que la derogación de la Ley de Secretos Oficiales va a faciltar el conocimiento de la documentación, somos un tanto ingenuos. Recordaría la frase de Barrionuevo con la desaparición de Mikel Zabalza, cuando dijo en sede parlamentaria rotundamente «Ni hay pruebas ni las habrá».

Además, no debemos limitar a Ley de Secretos Oficiales, sino que debemos reivindicar el acceso a toda la documentación bajo los parámetros democráticos que están en marcha en Europa. En España no se puede consultar la documentación hasta pasar 50 años, en Francia son 30. Esa documentación está bajo el control, en muchas ocasiones, de quienes la han generado. Son juez y parte.

Esa desclasificación de materiales supuestamente sensibles no puede ser potestad de quienes han generado la documentación, sino de personas vinculadas al mundo de la archivística e historiadores. Debería ser desde un punto de vista de apertura, porque aquí siempre se ponen límites, obstáculos, cuando debería ser todo lo contrario. Hay que cambiar completamente la filosofía, no solo en lo relacionado con la Ley de Secretos Oficiales, sino con el acceso a la documentación. Utilizan como coartada también la Ley de Protección de Datos. Me ha ocurrido trabajando sobre los niños de la Guerra Civil. Me llamaron a capítulo del Archivo Histórico Nacional por este tema.

«Uno de quienes aparece en los fotos junto al hombre de la gabardinaes Jean-Pierre Cherid, quien luego formó parte del GAL»

Usted estuvo presente en Montejurra en 1976. De hecho, es el autor de algunas de las fotografías de ese día, que salieron publicadas en «Punto y Hora de Euskal Herria»

Sí, fui a Montejurra como mucha gente ese día. Yo había vivido en Estella y conocía lo de Montejurra. Por ejemplo, los Boy Scout de Estella subíamos allí a vender bebidas para sacar algo de dinero y luego comprar tiendas de campaña. Desde el año 1939 hasta 1976 Montejurra se celebraba legalmente. Acudían miles de carlistas. El de 1976 tenía de especial que era el primero tras la muerte de Franco y que los carlistas estaban con nosotros en las movidas. Un mes antes se celebró el Aberri Eguna en Iruñea y los carlistas participaron con ikurriñas con las siglas de EKA. Mucha gente que no éramos carlistas fuimos a Montejurra en 1976 movidos por la curiosidad. No nos imaginábamos que iba a pasar lo que pasó.

Llevé una cámara Zenit rusa. Entonces había pocas cámaras reflex. Un amigo me dejó una cámara de estas con un rollo. Antes había que medir las fotos que se sacaban, no era como ahora. Fui a Iratxe y estábamos esperando a que saliera el Via Crucis. De repente empezaron a gritar «¡Que vienen los Guerrilleros!». Entonces, el grupo de ultraderecha más activo eran los Guerrilleros de Cristo Rey. Nos desplazamos hacia la carretera. Y saqué la foto del «hombre de la gabardina» disparando a Aniano y a quienes venían con él. Luego se supo que todos estaban vinculados con la extrema derecha. Uno de ellos era Jean-Pierre Cherid, un personaje de largo recorrido hasta llegar al GAL. Eso se supo más adelante. En ese momento, no sabíamos quién era ese gente. Luego, hemos ido investigando.

Mis fotos contribuyeron, con otras como las del periodista catalán Carles S. Costa, a esclarecer todo. Sus fotos aparecieron el martes en portada del ‘Diario de Barcelona’ –los lunes no había periódico– y sale el «hombre de la gabardina» junto a Aniano, que entonces solo estaba herido.  En la cumbre mataron a Ricardo García Pellejero.

Las fotos tienen la importancia de que aparecen ultraderechistas italianos, argentinos y franco-argelinos. La Guardia Civil estaba muy cerca y la gente les increpó porque no hacían nada. Tenían orden de no intervenir. Sixto no estaba abajo, le subieron en jeep a la cima. El Via Crucis siguió, con una especie de euforia, pensando que había pasado lo peor. Aparecieron Irene y Carlos Hugo.

La sorpresa fue ver que bajaban del monte apresuradamente y traían ya muerto a Ricardo, que había ido a Montejurra como muchos chavales de Estella a una excursión mañanera. Él no era carlista.

La cima estaba cubierta por la niebla y no vieron quién disparó. Lo ha contado Josemari Esparza. A Ricardo le dieron en el pecho y a Javier Nolasco en una pierna. Pensó que era un pelotazo, hasta que vio que salía sangre y que no podía apoyar el pie. Lo bajaron como a Ricardo. Quienes estaban en la cima pensaban que eran balas de fogueo hasta que vieron los heridos. Abajo, habló Irene de Borbón-Parma diciendo que se había terminado todo. Es la última foto que hice. Empezamos a gritar «Policía asesina». Javier Erice, el alcalde de Pamplona que era médico, vio que Ricardo estaba muerto. Bajé a Estella. Había vivido allí, aunque en el 74 me fui a Iruñea. Pero en el DNI ponía el domicilio de Estella. Era la única manera de que te dejaran pasar el lunes para el funeral. La plaza de los Fueros –San Juan le decíamos entonces– estaba desierta, solo había elementos de Inteligencia de la Guardia Civil. Estuve con José Luis Larrion, periodista de ‘El Pensamiento navarro’. Fue la huelga general más grande que ha habido en Estella. Hasta entonces, había habido las huelgas de Motor Ibérica y de Salvat, pero ese día paró todo el comercio y todo el pueblo. Por la tarde, hubo un funeral muy potente, con una homilía de Esteban Irigoyen, un cura muy comprometido que ya había sido castigado. Ya entonces preguntó quién estaba detrás de lo sucedido y criticó la actuación de la Guardia Civil y del Gobierno Civil.

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