satorzulo gorria

Notas introductorias sobre el apoyo a los pueblos de Ucrania e Irán  

Sam Friedman *—–

Este artículo de Sam Friedman se publicó inicialmente como contribución a la Red de Solidaridad con Ucrania (Ukraine Solidarity Network-US https://www.ukrainesolidaritynetwork.us/solidarity-without-exception/) y destaca el vínculo entre la defensa de principio, por parte de la izquierda, de los derechos a la autodeterminación nacional, en países como Irán y Ucrania, por un lado, y la evolución histórica del capitalismo y el imperialismo, así como los movimientos que se han levantado para luchar contra ellos, por otro lado.

La dimensión política de las luchas libradas por los pueblos ucraniano e iraní ha sido objeto de acalorados debates entre quienes se consideran socialistas y/o antiimperialistas. Este breve artículo aborda la historia del imperialismo y el nacionalismo desde el punto de vista de la expansión del capitalismo en todo el mundo y las luchas que se oponen a él. Al hacerlo, explica por qué los socialistas y antiimperialistas deberían apoyar las luchas de los pueblos iraní y ucraniano contra los ataques imperialistas de Estados Unidos y Rusia, así como contra los de sus propios gobiernos y clases dominantes.

Como introducción: pasé muchos años como investigador y activista en el campo del sida. Como tal, he realizado investigaciones con investigadores y activistas rusos, ucranianos e iraníes. Tengo muy buenos amigos tanto en Rusia como en Ucrania. Todas las personas con las que trabajé en Irán tuvieron que abandonar el país. Dos de ellas fueron encarceladas durante varios años antes de poder partir.

Gran parte del debate en torno a las luchas ucranianas e iraníes gira en torno a cuestiones de existencia nacional y al derecho de las naciones a la autodeterminación. Por lo tanto, comenzaré presentando una reflexión MUY breve sobre el nacionalismo y las naciones.

Las naciones han sido descritas como “comunidades imaginarias” a fin de captar un aspecto esencial del nacionalismo: el hecho de que los miembros de una nación se consideran, en cierto modo, como “un solo pueblo” y comparten muchos valores y una historia común con los demás miembros de su nación. Así, muchas personas que no tienen un Estado-nación propio, como es el caso de hoy en día de muchos kurdos o chechenos, o judíos/judías antes de la creación de Israel, se consideran un solo pueblo y a menudo lo enmarcan como una especie de nacionalismo.

Los Estados-nación, en cambio, son países con una forma de gobierno y caracterizados por sistemas de creencias dominantes que consideran que parte o la totalidad de sus habitantes forman parte de un «mismo pueblo», su nación. En realidad, como veremos, muchas naciones, hoy como en el pasado, han contado entre sus miembros a grupos oprimidos (que pueden o no considerarse pertenecientes a esta nación u otra). Entre los ejemplos obvios se encuentran los afroamericanos en la América anterior a la Guerra Civil, los ucranianos en la Rusia zarista, los kurdos en la Turquía o Irán modernos y los palestinos en el Israel moderno.

Desde un punto de vista histórico, creo que es correcto afirmar que en el año 1200 no había ninguna nación en la Tierra. Había reinos, imperios, tribus y otras formaciones, pero no naciones. Muchos de los territorios que hoy consideramos naciones eran, en el mejor de los casos, solo confederaciones sueltas de entidades más pequeñas en conflicto entre sí, hablando muchos idiomas diferentes; en algunos casos, una de estas entidades más pequeñas era nominalmente dominante. El Reino Unido (Gran Bretaña), por ejemplo, tenía anglosajones, normandos, galeses, escoceses e irlandeses, cada uno con su propio idioma. Francia estaba dividida de la misma manera que Alemania. Alemania se mantuvo así hasta la década de 1860. Aunque España se unificó aparentemente a finales del siglo XV, las diferencias lingüísticas persistieron durante siglos y, de hecho, grupos como los vascos y los catalanes siguen afirmando identidades nacionales no españolas y han intentado separarse de España en diversas ocasiones. Del mismo modo, India, China e Irán eran mezclas de imperios y pequeñas jurisdicciones, y multilingües. África era una mezcla de imperios y tribus, al igual que las Américas.

El desarrollo del capitalismo desencadenó la aparición de nacionalismos y naciones, cuando los capitalistas emergentes comenzaron a percibir los beneficios de territorios unificados, con una sola lengua y libres de derechos de aduana entre subunidades como los ducados o los condados. En cierta medida, estas ideas vieron la luz entre los juristas, las escuelas religiosas, las figuras literarias y otros intelectuales que participaban en el desarrollo del comercio mercantil y el capitalismo. La existencia previa de la imprenta y otros modos de comunicación de “uno a varios” a largas distancias facilitó este proceso.

Uno de los aspectos característicos de este nacionalismo fue la formación de mitos nacionales que afirman que la nación tiene una historia que se remonta a siglos o incluso a milenios. Vladimir Putin y otros nacionalistas rusos se refieren a un mítico pueblo ruso presente en Kiev en el siglo IX; los sionistas afirman que el Israel bíblico fue la cuna de una nación judía; los nazis remontaron las raíces del pueblo alemán a la época de los héroes míticos, varios siglos atrás.

El nacionalismo ha llevado a la aparición de Estados-nación por diversas vías. Algunas naciones se constituyeron como una consecuencia relativamente directa del capitalismo y su cultura, que despertaron sentimientos nacionales. Esto es lo que ocurrió en Inglaterra y Francia, por ejemplo, aunque en cada caso, este proceso implicó muchas guerras y luchas sociales. En otras regiones, como Italia y Alemania, se desarrollaron grupos de élite que tenían puntos en común en términos de idioma y cultura, y que querían beneficiarse de los beneficios que un Estado-nación unificado les brindaría a ellos, así como a los demás miembros de la nación, según ellos. En estos casos, fue una combinación de conquistas llevadas a cabo por una de las subentidades rivales (como Prusia) e insurrecciones lo que condujo a la formación de un Estado-nación. Una tercera vía ha sido, para los pueblos oprimidos dentro de un imperio u otra formación, rebelarse y conquistar su libertad para establecer su propio Estado-nación. Como veremos, esto es lo que ocurrió en Ucrania, y también fue lo que sucedió durante la formación anticolonial de las naciones en África y Asia en el siglo XX. Un camino relacionado fue el del nacionalismo nacido cuando las poblaciones de una zona geográfica rechazaron los intentos de conquista imperialista. Podemos citar como ejemplos el nacionalismo chino frente a las derrotas e imposiciones de Gran Bretaña durante las guerras del opio, luego frente a otras fuerzas europeas, y finalmente en la década de 1930 contra la invasión japonesa; así como el nacionalismo palestino que apareció a principios del siglo XX.

El colonialismo y el imperialismo se desarrollaron en paralelo con el capitalismo y la aparición de las naciones. Esto ocurrió en Europa occidental cuando varios estados europeos se convirtieron en reinos y establecieron armadas, ejércitos y fuerzas armadas privadas (por ejemplo, las Compañías Holandesa e Inglesa de las Indias Orientales) para conquistar otros territorios y obligar a sus poblaciones a trabajar en las minas y la agricultura en beneficio de su clase dirigente nacional. En un primer momento, España y Portugal conquistaron algunas regiones de África y América Latina. Explotaron estos territorios como fuentes de mano de obra forzada de los pueblos que habían conquistado, y el oro, la plata y los productos agrícolas se convirtieron en la base de las fortunas reales y los ejércitos mercenarios. El imperialismo holandés, francés y británico siguió, apoderándose de nuevas tierras y nuevos pueblos en el Cabo Sur de África, Indonesia y otros lugares, mientras se arrebataban mutuamente algunos territorios, así como a España y Portugal. Los británicos y los franceses obtuvieron enormes beneficios de la esclavitud de los africanos secuestrados. El azúcar producido por el trabajo de las personas esclavizadas fue durante muchas décadas el pilar del comercio internacional, y la isla de Haití (bajo el dominio francés) el lugar más rentable del planeta. Estados Unidos se constituyó en una nación tras una rebelión contra el gobierno británico. Esto significaba que eran libres de continuar con el comercio de esclavos, emplear mano de obra esclava y conquistar las tierras propiedad de los nativos americanos (a menudo con una intención y/o consecuencias genocidas). (Los gobiernos británicos habían considerado restringir la esclavitud y habían promulgado prohibiciones que impedían a los colonos estadounidenses establecerse en los Territorios del Noroeste de Ohio y más al oeste).

La expansión del Imperio ruso es mucho menos conocida en los Estados Unidos y en muchos otros países. A partir del siglo XVII, las regiones alrededor de Moscú se organizaron como Rusia bajo la autoridad de los zares y lanzaron una campaña de expansión territorial que combinó la conquista y el sometimiento de ciertas áreas (como gran parte de lo que hoy es Polonia, Ucrania y Bielorrusia) con un colonialismo de asentamiento abiertamente genocida en otras regiones, como gran parte del norte y el centro de Asia, donde los yakuts, los buriatas y muchos otros grupos étnicos sufrieron un declive demográfico masivo. En regiones como Ucrania y Bielorrusia, intentó reprimir las religiones y las lenguas locales, así como otros elementos de la cultura.

En el siglo XIX y desde entonces, los imperios ruso y británico establecieron un dominio económico y, a veces, un control militar sobre Irán. Durante la Segunda Guerra Mundial, se dividieron Irán antes de retirarse a regañadientes más tarde en la década de 1940, dejando al hijo del antiguo sha a la cabeza de una monarquía constitucional. (El propio Irán es en cierto modo imperialista y domina y explota a varios pueblos subordinados, incluidos los kurdos, los balutches, los azeríes, los árabes y los turcomanos).

A partir del siglo XIX, los movimientos e ideas anticolonialistas y antiimperialistas comenzaron a desarrollarse y a extenderse más ampliamente. Como se mencionó anteriormente, esto tomó la forma de una “reunificación” en Alemania e Italia. En gran parte del resto del mundo, tomó la forma de una rebelión contra las potencias coloniales.

Muchas y muchos socialdemócratas de los países imperialistas se opusieron al nacionalismo anticolonial en los países del sur. Cabe señalar que Marx compartió algunas de estas opiniones en su juventud, pero que a partir de la década de 1850 se volvió claramente antiimperialista. Las obras de Kevin Anderson proporcionan un análisis notable de este fenómeno /1.

Figuras clave de la siguiente generación de socialistas, como Lenin, Rosa Luxemburgo, James Connolly y Trotsky, eran feroces opositores al colonialismo, aunque ella y ellos no estaban de acuerdo sobre las implicaciones políticas de esta posición para los movimientos socialistas europeos.

La Segunda Guerra Mundial rompió el poder de todas las grandes potencias imperiales, excepto Estados Unidos y Rusia (URSS). Tanto Estados Unidos como Rusia apoyaron los movimientos anticoloniales en las antiguas colonias de Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos y Bélgica. Rusia y Estados Unidos se disputaron la influencia en estos países emergentes, lo que explica en parte por qué estas nuevas naciones se convirtieron en regímenes de desarrollo neocolonial, ya sean capitalistas corporativos neocolonialistas o capitalistas estatales, dependientes de Estados Unidos o Rusia para sus inversiones y comercios y, en muchos casos, autocráticos. Frantz Fanon describió esta realidad desde el interior mismo de los movimientos de independencia y liberación, cuando la triste realidad de la independencia neocolonial comenzaba a perfilarse. Ni Rusia ni Estados Unidos toleraron los movimientos anticolonialistas dentro de sus imperios. (Se mostraron extremadamente represivos con respecto a estos movimientos en Puerto Rico, Vietnam, Hungría y Polonia, por ejemplo).

¿Qué significa esto para Ucrania e Irán?

Ucrania vio nacer un poderoso movimiento nacionalista en el siglo XIX. Los socialistas ucranianos a menudo también eran nacionalistas de primer nivel. Durante la revolución de 1917 en el Imperio ruso, esto condujo a veces a la cooperación, a veces a enfrentamientos entre los socialistas revolucionarios aliados con los soviets rusos y los socialistas revolucionarios (algunos de los cuales se calificaban a sí mismos como bolcheviques) que querían que Ucrania se convirtiera en una nación distinta. Ambos lucharon contra las fuerzas procapitalistas ucranianas y rusas. Lenin, el líder de la Revolución Rusa, se debatía entre:

1.- Este apoyo general al derecho de las naciones, especialmente de Ucrania, a la autodeterminación (incluido su odio al chauvinismo gran ruso, término que utilizó para designar esta forma de racismo).

2.- Las especificidades de la lucha en Ucrania, incluido el hecho de que muchos y muchos bolcheviques de su partido se oponian al nacionalismo ucraniano.

En cualquier caso, la fuerza del movimiento nacional en Ucrania y en algunas otras partes del Imperio ruso explica por qué el final de la guerra civil condujo a la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o URSS, como unión de Estados-nación independientes (incluidas Rusia y Ucrania) con derecho a separarse de la Unión. Inicialmente, esto condujo a una libertad cultural y otras libertades considerables para Ucrania, pero a medida que la contrarrevolución estalinista avanzaba y Rusia se convertía en una forma autocrática de capitalismo de Estado, Rusia reprimió cada vez más el idioma, la religión y la mayor parte de la cultura ucranianas. En la década de 1930, cuando la URSS se enfrentaba a una grave crisis económica a la que se enfrentó al exportar los alimentos que sus habitantes necesitaban, Ucrania fue objeto de las medidas policiales más severas y de la hambruna. Tomó la forma del genocidio del Holodomor, durante el cual 4 millones de ucranianos, si no más, murieron de hambre o fueron asesinados por la policía o el ejército. La política ucraniana sigue marcada por el recuerdo de este acontecimiento.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la invasión alemana infligió sufrimiento y masacró a millones de ucranianos, incluyendo las y los ucranianos judíos. Los ucranianos fueron los más afectados (más que los habitantes de Rusia y Bielorrusia, por ejemplo) y contribuyeron importantemente a la derrota de los alemanes. Rusia intenta presentar la derrota de los nazis como una victoria rusa y pasar por alto las contribuciones de los ucranianos y sus otras naciones oprimidas.

Cuando la URSS se derrumbó en 1991, Ucrania, Rusia y otros países se separaron para formar estados independientes. Los cinco a diez años siguientes fueron insoportables en todos estos países. La economía se derrumbó. Los activos productivos fueron vendidos por los gobiernos (dirigidos por sus altos funcionarios) en favor de círculos restringidos compuestos por altos funcionarios aliados y líderes de la mafia. El desempleo, el alcoholismo y la tuberculosis tomaron proporciones epidémicas. El consumo de opioides se generalizó relativamente entre los jóvenes, al igual que el comercio de sexo a cambio de dinero o bienes, lo que provocó la propagación del VIH/sida, especialmente entre las personas que habían comenzado a inyectarse drogas. Los oligarcas se disputaron la riqueza y el poder, a veces a través de la violencia, o utilizando las fuerzas policiales gubernamentales para atacar a sus rivales.

A finales de la década de 1990, los gobiernos ruso y ucraniano estaban dominados por oligarcas que luchaban ferozmente, que dirigían regímenes autocráticos corruptos, supuestamente democráticos, que organizaban elecciones periódicas para determinar qué grupo de oligarcas gobernaría y obtendría el mayor beneficio de la corrupción. A partir de la Revolución Naranja de 2004, que impugnó una elección amañada, sus caminos se separaron: Rusia se volvió más autocrática, mientras que en Ucrania, el poder de los oligarcas fue cuestionado por rebeliones populares. La Revolución Maidan de 2013-2014 demostró una vez más que los regímenes oligárquicos podían ser derrocados y ayudó a hacer retroceder la corrupción dentro de la policía y, en cierta medida, la de otros funcionarios. Esto NO sucedió en Rusia, pero Putin y otros oligarcas rusos temían que se propagara. Así, en 2014, Rusia se apoderó de Crimea e intentó apoderarse de Donbass (cuenca carbonífera de Donets) y Odessa para garantizar que la revolución de Maidan no diera un giro a la izquierda y, lo que es más importante, deslegitimar los esfuerzos para derrocar a su propio régimen oligárquico /2

La izquierda fue un componente importante de la revolución de Maidan, aunque mucho menos visible que la extrema derecha. La mayor parte del movimiento, así como sus convicciones dominantes, formaban parte de una aspiración proeuropea vagamente socialdemócrata a un gobierno íntegro y con un nivel de vida europeo. Sin embargo, existía una izquierda socialista y anarquista, que se ilustró bien durante las luchas del Maidan en toda Ucrania, y que hoy sigue siendo una fuerza (relativamente débil, pero respetada) en Ucrania  /3.

Más tarde, después de la cuasi-revolución en Bielorrusia que comenzó a finales de 2020, los líderes rusos decidieron apoderarse de Ucrania y borrar la cultura ucraniana y sus libertades políticas. Estaban motivados tanto por el deseo de erradicar la esperanza de libertad de los pueblos de la Federación Rusa como por su propia voluntad de restaurar lo que consideran las glorias del Imperio ruso. Lo intentaron a principios de 2022 y hasta ahora han fracasado de forma espectacular debido a un movimiento popular en Ucrania. En mi opinión, los socialistas de los Estados Unidos deberían apoyar este movimiento sin reservas.

Sin embargo, hay que ser claro: este movimiento popular actual en Ucrania no es socialista, aunque incluye corrientes socialistas [Commons: Revista de crítica social; Sotsialnyi Rukh (Movimiento social), organización socialista democrática; Colectivos de solidaridad, red antiautoritaria que apoya la resistencia a la invasión rusa; Partido Verde de Ucrania; Plataforma socialdemócrata; Pryama Diya (Acción directa), sindicato estudiantil de izquierda; Federación de Sindicatos de Ucrania (FPU); Confederación de Sindicatos Libres de Ucrania (KVPU); Razom We Stand, campaña a favor de sanciones contra Rusia sobre los combustibles fósiles y la reconstrucción de Ucrania en torno a las energías renovables; Rozviy, campaña juvenil feminista a favor de sanciones contra la Rusia sobre los combustibles fósiles y la reconstrucción de Ucrania en torno a las energías renovables].

Además, bajo la presión de las demandas neoliberales del capital de Europa Occidental y Estados Unidos, y con el apoyo del gobierno de Zelensky, el gobierno ucraniano ha adoptado numerosas políticas antiobreras y antisindicales y se ha endeudado fuertemente con el capital occidental para financiar los costos de la guerra. Si la guerra terminara mañana, la deuda existente que el capital ha impuesto a Ucrania significa que tanto el capital ucraniano como el capital occidental (así como sus respectivos gobiernos) librarán una guerra contra los trabajadores ucranianos para pagarla. Una de las misiones de las y los socialistas estadounidenses es oponerse a esto y apoyar a la clase trabajadora ucraniana en sus luchas actuales y futuras por sobrevivir y, con suerte, derrocar al capital.

Irán

En unas elecciones en 1953 (después de la entrada en funciones del nuevo Shah, cuando las tropas de ocupación británicas y rusas abandonaron Irán al final de la Segunda Guerra Mundial), Mossadegh se convirtió en Primer Ministro y tomó medidas para limitar el control británico sobre la producción de petróleo iraní. Fue derrocado por un golpe de Estado apoyado por los intereses petroleros estadounidenses y la CIA, incluidos los iraníes que se aprovechaban de la industria petrolera privada.

El sha estableció entonces una dictadura favorable al capital estadounidense. Esta dictadura no dudó en utilizar sus ingresos petroleros para «modernizar» la sociedad iraní para que se pareciera, en cierta medida, al mundo de las empresas laicas estadounidenses, en particular permitiendo que las mujeres accedieran al empleo y a otros aspectos de la vida occidental. Creó una policía secreta despiadada y poderosa para reprimir brutalmente, y a menudo mortalmente, toda oposición.

En 1978, el pueblo iraní, que estaba harto, se rebeló. En 1979, la revolución logró expulsar al Shah y a su régimen. Esta revolución incluyó importantes componentes socialistas y obreras, y fueron las acciones de los trabajadores del petróleo las que fueron decisivas para derrocar al Sha. Los islamistas radicales, ferozmente antiamericanos, también se beneficiaron de un apoyo masivo y se impusieron en las luchas que siguieron por la dirección de la revolución. Fueron apoyados en esto por el Partido Comunista Iraní prorruso, que consideraba la revolución como una revolución antiimperialista que no debía limitarse a poner a la burguesía en el poder.

Con el apoyo de Estados Unidos, Irak inició entonces una guerra contra Irán, que se desató a lo largo de la década de 1980. Fue una guerra larga y cruel, que causó enormes pérdidas humanas. Uno de mis amigos me dijo que había provocado un alto consumo de drogas entre los soldados y, en última instancia, muchos casos de sida.

El pueblo iraní organizó varios movimientos de masas en los años posteriores a la llegada al poder de los “mullahs millonarios”. El Movimiento Verde de 2009 protestó contra el fraude masivo en las elecciones presidenciales; el levantamiento de 2019 se opuso al aumento de los precios de la gasolina y dio lugar a varias iniciativas de las y los trabajadores para mejorar sus condiciones de vida; el movimiento “Mujeres, Vida, Libertad” de 2022-2023, que fue violentamente reprimido, reunió a kurdos y otras minorías oprimidas, así como a persas, y hombres y mujeres; y el reciente levantamiento de 2026, motivado por el colapso económico y ambiental, que fue reprimido después de que decenas de miles de personas fueran asesinadas.

Estados Unidos e Israel decidieron atacar a Irán a finales de febrero de 2026. En el momento de escribir estas líneas, este ataque parece ser un fracaso total y ha colocado al gobierno iraní en una posición mucho más fuerte que antes de la guerra, tanto frente a su propio pueblo como frente a Israel y Estados Unidos.

¿Qué pasa con las y los socialistas y antiimperialistas en los Estados Unidos y en gran parte del mundo?
En Estados Unidos y en otros lugares, las personas que se califican a sí mismas de socialistas y/o antiimperialistas se dividen en dos grupos claramente opuestos. Uno de estos grupos puede calificarse de «campista» porque concibe el mundo, desde un punto de vista geopolítico, como dividido entre el imperialismo occidental, formando un bando, y las naciones que se oponen al imperialismo occidental, formando el otro bando, que ellos y ellas apoyan entonces.

Las y los campistas apoyan al gobierno iraní como antiimperialista y generalmente consideran a los movimientos populares como «objetivamente pro-imperialistas», o incluso como contrarrevolucionarios manipulados por Estados Unidos e Israel. Apoyan a Putin y a la invasión rusa de Ucrania porque consideran que Ucrania forma parte del campo imperialista occidental.

Muchas de esas personas creen en las afirmaciones rusas de que Rusia invadió Ucrania porque la revolución de Maidan fue un golpe de estado imperialista y amenazaba con atacar a Rusia. Muchas de ellas también apoyan las afirmaciones rusas de que Ucrania está gobernada por nazis y otros fascistas, y es un hogar de estos últimos. (Como persona que pasó mucho tiempo en Ucrania tanto antes como después de los acontecimientos del Maidan, y como persona consciente de la existencia de importantes fuerzas fascistas que ayudan a orientar tanto a Rusia como a Estados Unidos, puedo dar fe de que estas afirmaciones son un absurdo total).

Históricamente, muchos y muchas líderes «campistas» han mantenido vínculos con la antigua Rusia capitalista estatal u otros regímenes capitalistas estatales, o se han adherido a la visión del mundo de sus líderes que consideraban el mundo como dividido en un campo antiimperialista (con el que se identificaban ellos mismos, pero no las poblaciones de Europa del Este, Taiwán o el Tíbet, entre otros). En el corazón del pensamiento “campista” hay una incredulidad en cuanto a la capacidad de la clase trabajadora u otros movimientos “populares” para tomar el poder y construir una nueva sociedad mejor que la que vivimos. En consecuencia, ellos y ellas consideran a los Estados como los únicos actores importantes en el mundo, y eligen alinearse del lado de un bando dentro de estos Estados.

El otro grupo, a veces calificado de internacionalistas (del que yo formo parte), apoya a la clase trabajadora y a otros pueblos oprimidos en sus luchas tanto contra la clase dirigente y el Estado de su propio país como contra los países imperialistas que amenazan su independencia nacional. Uno de nuestros eslóganes, que forma parte del título de este ensayo, es “solidaridad sin excepción”. Cuando los invasores imperialistas atacan a un pueblo, apoyamos a este pueblo con todas nuestras fuerzas. Cuando los gobiernos o las patronales atacan la vida, las condiciones de vida y las libertades de los trabajadores, apoyamos a los trabajadores. Y exhortamos a los movimientos de los pueblos oprimidos y de los trabajadores de todos los países a apoyarse mutuamente en una solidaridad sin excepción.

Cuando Estados Unidos o sus aliados atacan u oprimen a una nación como Palestina o Venezuela, los «campistas» e internacionalistas a veces pueden trabajar juntos, aunque, de nuevo, en este caso, los «campistas» tienden a brindar apoyo incondicional a sus gobiernos u otros órganos gobernantes jerárquicos como Hamás, mientras que los internacionalistas apoyan al pueblo tanto contra sus agresores como contra gobiernos como el de Maduro o líderes como los de Hamás. Otra fuente frecuente de tensión dentro de la cooperación es que los «campistas» apoyan a los órganos de gobierno jerárquicos y a menudo opacos dentro de los movimientos de solidaridad (como ha sucedido en muchos campamentos universitarios que han apoyado a Palestina en 2024), mientras que los internacionalistas abogan por un debate abierto y un control democrático por parte de los participantes en el movimiento.

Por último, muchos otros pueblos son atacados u oprimidos. Los «campistas» deciden apoyar o no a los kurdos, rohingyas, uigures y otros en función de su apreciación: ¿consideran a los agresores u opresores como aliados del imperialismo estadounidense o como parte de su «eje de la resistencia» imaginario? Por otro lado, nosotros, los internacionalistas, desarrollamos nuestra solidaridad sin excepción.

Vemos en ello la única forma de vivir y construir un socialismo desde la base, en el que los trabajadores y otros tienen el poder democrático necesario para construir un mundo sostenible de paz, amistad, realización y alegría. Y vemos en ello la mejor esperanza para que la humanidad sobreviva a la crisis ambiental, y más particularmente a la crisis climática, y, a la larga, prospere una vez alcanzado este objetivo.

* Sam Friedman es miembro de la Red de Solidaridad de Ucrania, de Jewish Voice for Peace y del Colectivo Tempest. Es profesor-investigador en salud de las poblaciones en una gran facultad de medicina y autor de más de 500 artículos en este campo, publicados en revistas especializadas.
https://tempestmag.org/2026/07/solidaridad-sin-excepción/

https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com/2026/07/31/solidarite-sans-exception/

Traducción: Faustino Eguberri

Notas

1/ Kevin B. Anderson, Marx en los márgenes: Sobre el nacionalismo, la etnia y las sociedades no occidentales (University of Chicago Press, 2015); Kevin B. Anderson, Los caminos revolucionarios del difunto Marx: colonialismo, género y comunismo indígena (Verso, 2025).

2/ Hanna Perekhoda, «Cómo entender la actitud imperialista de Rusia hacia Ucrania», Nueva política, invierno 2024, https://newpol.org/issue_post/how-to-understand-russias-imperialist-attitude-toward-ukraine/; Ilya Matveev, «Imperialismo político, la Rusia de Putin y la necesidad de una alternativa de izquierda global», Enlaces: Revista Internacional de Renovación Socialista, 28 de septiembre de 2024, https://links.org.au/political-imperialism-putins-russia-and-need-global-left-alternative-interview-ilya-matveev; Ilya Budraitskis e Ilya Matveev, Nuevo imperialismo de Rusia: Capital e ideología de Stanford Press, 2026).

3/ Andrey Kurkov, Diarios de Ucrania: Despachos desde Kiev (Harvill Press, 2015); Marci Shore, The Ukrainian Night: An Intimate History of Revolution (Yale University Press, 2018); Emily Channell-Justice, Without the State: Autoorganización y activismo político en Ucrania (University of Toronto Press, 2022); Sam Friedman, «¿Qué pasó en Ucrania en 2013-2014? Maidan y después», New Politics, 13 de mayo de 2023, https://newpol.org/what-happened-in-ukraine-in-2013-2014/; Sophia Willson, Maidan: La revolución democrática de Ucrania (McGill-Queen’s University Press, 2026).

4/ Commons: Journal of Social Criticism, https://commons.com.ua/en/; Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social), organización socialista democrática: https://rev.org.ua/en/stialnyi-rukh-who-we-are/, https://www.facebook.com/social.ruh; Solidaridad Colectivos, red antiautoritaria que apoya la resistencia a la invasión rusa: https://www.solidaritycollectives.org/en/en/, https://www.facebook.com/SolidarityCollectives/; Partido Verde de Ucrania:https://www.facebook.com/GreenPartyofUkraine/; Plataforma Socialdemócrata, https://sdplatform.org.org.ua/main/en; Pryama Diya (Acción directa), sindicato estudiantil de izquierda, https://www.facebook.com/priama.diia, http://direct