satorzulo gorria

Yves Thebault//:

Jean-Luc Mélenchon es probablemente el mejor orador de la izquierda francesa en décadas. LFI ha devuelto la visibilidad electoral a una izquierda radical que casi había desaparecido del panorama institucional. Estos hechos merecen ser reconocidos ante todo, porque la crítica que sigue no es una crítica de derechas ni una postura de pureza, es una cuestión estratégica que la izquierda seria debe plantearse.

Un movimiento construido contra la autoorganización

LFI se fundó en 2016 con un fuerte discurso sobre la horizontalidad, la participación ciudadana, los grupos de acción locales autónomos. En los primeros años, estos grupos funcionaron efectivamente con una verdadera libertad de iniciativa.

Pero muy rápidamente apareció una contradicción estructural: la autoorganización se fomentaba en la base -en los territorios, en los barrios- pero era rigurosamente bloqueada en las alturas, donde se toman las decisiones estratégicas. Podemos organizarnos libremente a condición de que nunca constituyamos un contrapoder interno. Es una horizontalidad sin deliberación soberana.

La prueba más clara de ello se dio en junio de 2024, durante las investiduras para las elecciones legislativas. Varias figuras históricas del movimiento – Corbière, Garrido, Simonnet, Ruffin, Autain – fueron descartadas sin voto, sin proceso colectivo, por decisión opaca de un pequeño círculo de fieles.

A pesar de su anunciada retirada de la dirección formal, Mélenchon mantuvo una influencia decisiva en estas elecciones, a través del nombramiento de Manuel Bompard, un leal, para la coordinación del movimiento. No es un incidente: es el funcionamiento normal de una organización donde el poder real no es deliberativo sino personal.

La contradicción con el proyecto de la Sexta República

Lo que hace que esta situación sea particularmente problemática es que LFI defiende oficialmente un proyecto de democratización radical de las instituciones: proporcionalidad integral, referéndum de iniciativa ciudadana, revocación de las y los electos, asamblea constituyente soberana.

Son buenas ideas. Pero hay una contradicción performativa difícil de superar: no se puede llegar a una democracia deliberativa real con un movimiento que ha impedido sistemáticamente que sus propios miembros se ejerciten en ello.

La capacidad de deliberar colectivamente no se improvisa cuando se cambia de constitución, se construye en las prácticas cotidianas de las organizaciones.

Gramsci lo había teorizado con los consejos de fábrica de Turín: antes de ejercer el poder, las clases populares deben aprender a gobernarse a sí mismas en sus propias estructuras. LFI se ha saltado esta etapa.

Por qué activistas brillantes lo aceptan

La pregunta merece ser formulada sin desprecio. Nadie decide una mañana aceptar la ausencia de democracia. El proceso es gradual: un compromiso, luego otro, cada uno justificado por la urgencia – «ahora no, el RN está a la vuelta de la esquina».

Los afectos militantes también juegan un papel real: el sentimiento de pertenecer a algo históricamente significativo, la alegría de las grandes movilizaciones, el poder del orador. Estos afectos son auténticos y funcionan como un mecanismo de captura.

Por último, está el bloqueo estructural: en Francia, sin LFI, no hay una izquierda radical parlamentaria significativa. Las y los disidentes que se van se encuentran en un incómodo intermedio. Mélenchon tiene interés, consciente o no, en que se mantenga este estado de dependencia.

¿Debemos apoyar a LFI en 2027?

Es la pregunta más difícil y no tiene una respuesta sin matices. Si LFI es efectivamente la única fuerza capaz de llegar a la segunda vuelta y vencer al RN, las consecuencias concretas de una victoria del RN para las poblaciones precarias, para las personas racializadas, para los derechos sindicales, son de una naturaleza diferente a las contradicciones internas de LFI.

Rechazar cualquier apoyo en aras de la coherencia teórica es un lujo que no pueden permitirse quienes serán los primeros en ser atacados.

Pero hay que distinguir radicalmente entre el voto táctico y el apoyo político. Podemos votar a Mélenchon en la segunda vuelta para bloquear al RN – acto defensivo, limitado, sin ilusiones – rechazando a la vez construir la estrategia política en torno a LFI como horizonte.

La historia es instructiva: desde el Frente Popular hasta Syriza, las victorias electorales de la izquierda radical sin un movimiento social autónomo capaz de influir en el gobierno electo han resultado en capitulaciones.

Syriza es el ejemplo más brutal: victoria en enero de 2015, capitulación ante la troika en julio del mismo año, porque el movimiento social se había disuelto en las expectativas electoral.

Lo que implica concretamente

Apoyar sin someterse es posible con tres condiciones.

La primera: nunca disolver la cuestión organizativa en la cuestión electoral. Continuar construyendo organizaciones populares autónomas -sindicatos, cooperativas, colectivos territoriales- independientemente del ciclo electoral. Son estas estructuras las que, si gana LFI, podrán ejercer una presión real sobre el gobierno.

La segunda: mantener la transparencia pública sobre las contradicciones. Señalar los límites democráticos de LFI mientras se apoya tácticamente no es sabotaje, es una contribución a la madurez política colectiva.

La tercera: vincular todo apoyo a requisitos programáticos concretos en lugar de lealtad personal. La proporcionalidad, el RIC (Referendo de Iniciativa Ciudadana), los derechos de las y los trabajadores, la política de ultramar: estas medidas pueden exigirse a un gobierno de LFI exactamente como a cualquier otro, y tienen más fuerza en cuanto que emanan de organizaciones que no han hipotecado su independencia.

La verdadera pregunta para la izquierda radical hoy no es «Mélenchon o no». Es: ¿cómo construir, ahora y en paralelo, las organizaciones populares autónomas que mañana harán que la izquierda sea menos dependiente de un solo hombre y de un solo ciclo electoral?

Es este trabajo el decisivo, y no puede esperar hasta 2027″.

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11 de junio a las 12:31

Ndt: entre  los comentarios en el facebook, Antoine Montpellier (activista francés que sigue muy de cerca la lucha de Ucrania contra el imperialismo ruso) escribe:

“Estoy de acuerdo con el fondo del enfoque analítico. Lo que me llama la atención, sin embargo, es la falta de referencias a lo que constituye uno de los mayores problemas de LFI, sus enfoques internacionales: sobre la guerra en Ucrania, es incluso escandaloso. Y como creo que lo que se dice, se hace o no se hace en este terreno, se paga tarde o temprano en el espacio nacional… hay algo pesado en la cuestión de si votar o no por Mélenchon y cómo. Añadir este punto crucial de lo internacional a lo que se dice en este texto de lo organizativo y lo nacional es invitar a ir más allá en la reflexión”.