satorzulo gorria

Hablar sobre política militar y sobre políticas de seguridad en la Europa actual se está volviendo más necesario que nunca, principalmente a partir de la invasión rusa de Ucrania y los previstos aumentos de gastos militares en los países de la UE. Los dos artículos de Christian Zeller que presentamos a continuación constituyen una importante aportación a este debate al que en muchos casos estamos llegando con retraso las gentes de izquierda y los movimientos sociales. Retraso que están colmando las instituciones europeas y los diferentes Estados con sus propios planteamientos:  carreras armamentísticas, políticas belicistas, restrictivas de derechos democráticos y sociales.

La izquierda se ha visto sorprendida por esta situación. La invasión de Ucrania y la resistencia del pueblo ucraniano ha puesto de manifiesto una crisis de las políticas militares de una parte de la izquierda y ha resaltado como hacía mucho que no se veía el papel de la movilización popular en la defensa de un país agredido por una potencia imperialista.

Los artículos que presentamos a continuación  presentan un concepto amplio de la seguridad, que combina la seguridad ecológica, colectiva y militar a nivel europeo. Consideramos que son un material valioso para emprender una discusión que, como siempre tras un debate, desarrollará algunas y pulirá otras de las ideas que se defienden en los mismos.

El primero de ellos, “Los socialistas y el ejército, el desafío de lo militar lo publicamos a continuación. El segundo “Seguridad colectiva vs inseguridad imperialista” va como anexo con el link al final.

Red. Satorzulogorria

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Los socialistas y el ejército: el desafío de lo militar
(Christian Zeller)

Toda la izquierda se ve sorprendida ante el desafío de defender los logros democráticos y sociales en Europa contra las amenazas externas e internas de los Estados y las fuerzas autoritarias. La cuestión de la naturaleza de los ejércitos y del servicio militar obligatorio ocupa cada vez más el centro de atención. Sin embargo, las y los activistas que se reivindican del socialismo prácticamente no han estudiado este tema en los últimos treinta años.

Tras el colapso de las dictaduras burocráticas en la URSS y Europa del Este en 1990, el gasto en armas disminuyó en toda Europa. Los ejércitos fueron reducidos, pero se orientaron de forma aún más eficaz hacia misiones en el extranjero. Algunos Estados eliminaron el servicio militar obligatorio. Para el capital, los grandes ejércitos se habían vuelto demasiado costosos e ineficaces. En los últimos años, esta tendencia se ha invertido.

Militarización y servicio militar obligatorio

Rusia inició la guerra contra Ucrania en 2014. El 24 de febrero de 2022, la dictadura de Putin lanzaba una invasión a gran escala contra la población ucraniana. Sin embargo, las y los ucranianos oponen una resistencia mucho más fuerte de lo esperado. Rusia quiere romper esta resistencia y sigue atacando. Los gobiernos europeos toman la guerra rusa en Ucrania, así como las amenazas rusas contra los Estados bálticos y Moldavia como pretexto para llevar a cabo una gigantesca campaña de rearme, que, sin embargo, ya habían iniciado anteriormente.

En diciembre de 2025, Alemania estableció un censo obligatorio, que facilitará, si es necesario, la reintroducción del servicio militar obligatorio. Die Linke y muchas pequeñas organizaciones de extrema izquierda se oponen a la reintroducción del servicio militar obligatorio. Se han producido huelgas en muchas escuelas. El hecho de que las y los jóvenes que han crecido sin haber experimentado el servicio militar obligatorio lo rechacen y salgan a la calle es tan evidente y comprensible como la resistencia contra el armamento generalizado.

Pero los argumentos en contra de la reintroducción del servicio militar obligatorio deben reconsiderarse de forma crítica. Algunas y algunos justifican su negativa con una actitud fundamentalmente pacifista, otros afirman que no quieren defender este Estado burgués. Muchos justifican su negativa de forma puramente individualista, sin tener en cuenta los derechos democráticos aún existentes ni la situación social, ya sea en su propio país o, por ejemplo, en Ucrania. La cuestión de la seguridad apenas se sitúa en el contexto europeo y, por lo tanto, el debate no se lleva a cabo desde una perspectiva transnacional solidaria. No hay duda de que la población ucraniana sufre ataques diarios. Pero si aceptamos que las poblaciones de los países bálticos y Moldavia también pueden estar amenazadas, y que Rusia y otros Estados y organizaciones autoritarias amenazan a nuestras sociedades con diversas formas de guerra híbrida, entonces debemos llevar nuestra reflexión más allá.

El rechazo al servicio militar obligatorio equivale a aceptar un ejército profesional. La historia del movimiento obrero nos ha enseñado que esta posición es problemática. El ejército sigue siendo, incluso después de la abolición del servicio militar obligatorio, un instrumento de dominación del capital. Con el alistamiento de soldados de carrera bajo contrato, así como la profesionalización, los ejércitos incluso han acentuado su carácter autoritario.

Un ejército profesionalizado dirigido por una casta de oficiales es menos permeable a la vida social y a sus contradicciones. Por lo tanto, es mucho más dócil y puede utilizarse como fuerza de mantenimiento del orden y represión contra los movimientos sociales, y también como instrumento al servicio de aventuras imperialistas en otras partes del mundo.

Sin embargo, es interesante observar que son precisamente los Estados de la UE con una larga tradición de intervenciones militares en el extranjero los que no tienen servicio militar obligatorio o que lo han abolido desde finales de la década de 1990, apuntando en su lugar a ejércitos profesionales con un carácter más autoritario y más eficiente. Entre estos se encuentran Alemania (suprimido en 2011, obligación de hacerse censar a partir de 2026), Francia (suprimido en 1996), Italia, España, los Países Bajos, Bélgica y Portugal. Por otras razones, la Irlanda neutral, el pequeño Luxemburgo y Malta no tienen servicio militar obligatorio. Del mismo modo, los países de Europa Central y Oriental, como Polonia, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, República Checa y Hungría, han abolido el servicio militar obligatorio tras el colapso de las dictaduras burocráticas. El servicio militar obligatorio, por el contrario, existe en Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Croacia (a partir de 2026), Letonia, Lituania, Austria, Suecia (de forma selectiva) y Chipre. Los Estados no miembros de la UE confirman esta tabla. Noruega tiene un servicio obligatorio que no es discriminatorio en materia de género desde 2015. Junto con Finlandia, Suiza tiene sin duda el servicio militar obligatorio más completo y cuenta con el mayor apoyo popular de Europa, incluidos también los cursos anuales de perfeccionamiento. Suiza no estableció un servicio civil de sustitución hasta 1992. Gran Bretaña abolió el servicio militar obligatorio en 1960. Las intervenciones del ejército británico en Irlanda del Norte y en otras partes del mundo han sido y son llevadas a cabo por un ejército puramente profesional. Los ejércitos profesionales siempre han demostrado ser, en el pasado, pilares fiables del dominio del capital, por así decirlo, el último garante del poder de la burguesía.

Cuando las organizaciones socialistas rechazan el servicio militar obligatorio y aceptan un ejército profesional como un mal menor, renuncian de facto a la perspectiva de una democratización completa de la sociedad y de un cambio radical de las correlaciones de fuerzas, incluso en la economía y el ejército. Por lo tanto, también renunciarían a la perspectiva de una toma de poder por parte de las clases trabajadoras. A fin de cuentas, el capital y la burguesía se apoyarán en última instancia en el instrumento de poder que constituye el ejército profesional y harán todo lo posible para no dejarlo escapar.

Un ejército de conscripción, por su composición y anclaje social, hace al menos potencialmente posible unir a muchas y muchos soldados -como asalariados uniformados- a la causa de las clases trabajadoras. Sin embargo, el servicio militar obligatorio generalizado en Suiza muestra que esta forma específica de ejército burgués tiene una considerable importancia ideológica para la integración de la población en el orden establecido.

¿Es posible una política militar emancipadora?

No se trata de defender la “patria”, sino de defender los derechos y logros democráticos y sociales contra los ataques externos llevados a cabo por estados autoritarios, así como contra los ataques internos llevados a cabo por fuerzas reaccionarias y fascistas. Esta fue también la posición de las y los socialistas revolucionarios en los países amenazados por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Esta defensa por parte de toda la población debe formar parte de una estrategia de emancipación social. La defensa no debe simplemente rechazarse en nombre del individualismo, sino que debe organizarse democráticamente y abarcar las dimensiones local, regional, nacional y continental.

Es urgente que las y los ecosocialistas revolucionarios desarrollen su propia política militar. No debemos delegar la defensa de los derechos democráticos y sociales adquiridos en un ejército, y mucho menos en un ejército profesional. Tampoco podemos asumir que los ejércitos pueden ser simplemente abolidos, ni siquiera por gobiernos con un programa de reforma socioecológica radical.

Tanto para la defensa de los logros democráticos y sociales como en la perspectiva ofensiva de una toma de poder por parte de la clase trabajadora, es pertinente formar a ciudadanos y ciudadanas que sean a la vez pilotos de drones, desarrolladores, fabricantes y usuarios de diferentes tipos de drones y robots de combate. La formación, la cohesión del equipo, la adquisición de “habilidades no técnicas” y el intercambio de conocimientos requieren reuniones repetidas durante períodos cortos. Este tipo de nuevo servicio de defensa no sería lo que las generaciones de reclutas experimentaron entre las décadas de 1960 y 1990, con entrenamientos de marcha y desfiles. Los derechos sindicales de las y los soldados, la participación democrática y la autogestión, así como la innovación permanente, deberían ser los motores pedagógicos de este nuevo servicio militar.

Un ejército de conscripción ofrece condiciones mucho mejores para iniciar una ruptura anticapitalista y una transición ecosocialista que un ejército profesional permanente, ideológicamente estancado y reaccionario. Por ello socialistas y feministas deberían pensar en cómo desarrollar una práctica política de autoorganización de los soldados dentro de los ejércitos. Los movimientos democráticos de soldados de la década de 1970 y principios de la de 1980 en varios ejércitos europeos pueden proporcionarnos pistas a este respecto. Estos insuflaron la rebelión social y el espíritu de resistencia dentro de los ejércitos. También en Suiza, desde mediados de la década de 1970 hasta principios de la de 1980, los comités de soldados sembraron agitacion en el ejército. Ayudaron a los soldados en servicio activo a publicar sus propios periódicos, proporcionaron asistencia legal contra órdenes abusivas y represión, y sensibilizaron al público en general. En muchos países los comités de soldados y los sindicatos de soldados han podido mejorar la vida de los soldados y hacer respetar al menos los derechos democráticos mínimos. Más importante aún: los soldados implicados han aprendido, en un contexto de fuerte represión, a defenderse y organizarse, a veces de forma clandestina. Han adquirido una valiosa experiencia colaborando con personas de otros orígenes, contextos de vida, clases sociales y regiones que nunca habrían conocido de otra manera [ Yo mismo abracé esta orientación antimilitarista clásica y viví este tipo de experiencia dentro del ejército suizo en la década de 1980. He publicado un análisis más profundo del desafío que plantean las cuestiones de seguridad ecológica, social y militar en  https://emanzipation.org/2026/03/oekosozialistische-strategie-der-sozialen-oekologischen-und-militaerischen-sicherheit/].

Desgraciadamente, estas experiencias han caído en el olvido. La rápida evolución de la situación mundial, las nuevas dimensiones de la inseguridad -catástrofes relacionadas con el calentamiento global, el auge de regímenes autoritarios y movimientos fascistas, guerras, guerra híbrida e inseguridad social masiva- así como el rearme y las tendencias a la militarización de la sociedad nos obligan a reflexionar sobre cómo podemos, por un lado, empezar a organizar a los militares y, por otro, desarrollar una comprensión global de la seguridad ecológica, social y psico-militar.

Fuente – sozialismus.ch, 12 de mayo de 2026
https://sozialismus.ch/theorie/2026/sozialistinnen-und-armee-militaerische-herausforderung/

Traducido de

https://www.europe-solidaire.org/spip.php?article78987

Traducción: Faustino Eguberri

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Seguridad colectiva vs. inseguridad imperialista