
(Babak Kia)—
El alto el fuego ha saltado hecho añicos alrededor del control del estrecho de Ormuz. Mientras se reanudan los bombardeos estadounidenses, las divisiones se acentúan en la cúspide de la República Islámica, sin ofrecer ninguna salida a los pueblos de Irán.
El frágil alto el fuego que entró en vigor el 18 de junio, que abrió un período de negociaciones de 60 días, fue desde el principio objeto de interpretaciones divergentes. El principal punto de desencuentro es el estrecho de Ormuz, por el que pasa alrededor del 20% del petróleo mundial. Teherán tiene la intención de imponer un derecho de paso, mientras que Trump se niega a dejar su control al régimen iraní.
Ruptura del alto el fuego
Mientras que Teherán había obtenido garantías de Washington para organizar el funeral del ex guía Ali Khamenei, el ejército iraní atacó buques comerciales en el estrecho. Estados Unidos lanzó entonces una nueva campaña de bombardeo de las regiones costeras iraníes.
Fuertemente militarizadas, estas regiones permiten controlar el estrecho y apuntar a las bases estadounidenses del Golfo. Las poblaciones, en particular las balutches y las árabes, que ya se encuentran entre las más pobres y oprimidas de Irán, sufren de lleno estos bombardeos, sin tener de la menor protección del régimen.
Mientras anuncia al Congreso la reanudación de la guerra, Trump indica que está restableciendo el bloqueo de los puertos iraníes, buscando así estrangular económicamente a Irán.
Esta confrontación ha experimentado, desde el 28 de febrero, una alternancia de fases de enfrentamientos y negociaciones. Tiene importantes consecuencias económicas a nivel mundial, pero también provoca una exacerbación de las crisis en Irán y pone de relieve las divisiones en la cúspide del Estado.
Crisis y evolución en Irán
El presidente Pezeshkian y el ministro de Asuntos Exteriores, Araghchi, quieren llegar a un acuerdo con Washington para aligerar las sanciones, aumentar las exportaciones de petróleo y recuperar parte de los activos congelados.
Pero los Guardianes de la Revolución controlan los circuitos de elusión de las sanciones, que constituyen una fuente de enriquecimiento considerable. Rechazan cualquier normalización con los Estados Unidos, así como cualquier abandono de los programas nucleares y balísticos.
Las escenas que muestran la exfiltración de Araghchi durante el funeral de la Guía son elocuentes. Estas ceremonias fueron una oportunidad para que las corrientes hostiles a las negociaciones organizaran concentraciones cuyos participantes llamaban a Araghchi y Pezeshkian traidores a la patria.
El régimen podría evolucionar hacia una dictadura militaro-securitaria más clásica, al tiempo que hace algunas concesiones para flexibilizarla. Esto se traduce, en particular, en una cierta tolerancia hacia la ropa femenina “considerada como no conforme a la ley islámica” o en la aceptación de mayores espacios mixtos en el espacio público.
El futuro de los pueblos de Irán
Sin embargo, estos cambios no cerrarán la brecha existente entre el poder y los pueblos de Irán. Además, la represión recuerda cada día la brutalidad del régimen. Las dificultades actuales, agravadas por las sanciones y la guerra, son también las consecuencias de más de cuarenta años de despotismo, capitalismo salvaje, apartheid de género, corrupción estructural, enriquecimiento de las élites y represión de los sectores combativos de la sociedad. La dictadura, la opresión de las minorías nacionales, la disminución de los salarios reales, la inflación, el desempleo, la pobreza, la crisis de la vivienda y la destrucción del medio ambiente siguen empeorando.
El levantamiento de enero de 2026 confirmó que la gran mayoría de la población aspira al fin de la República Islámica de Irán. La sangrienta represión y luego la intervención militar de Estados Unidos e Israel interrumpieron esta dinámica sin hacerla desaparecer. El descontento popular ya está resurgiendo.
Las y los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y las minorías nacionales no tienen nada que esperar de las negociaciones en curso, ni de los ejércitos estadounidenses o israelíes. Nadie en Irán cuenta con una evolución interna del régimen que conduzca a la libertad, la igualdad y el progreso social. El futuro de los pueblos de Irán no se decidirá ni en Washington, ni en Tel Aviv, ni en los círculos dirigentes de la República Islámica de Irán, sino por la organización, las luchas sociales y democráticas, así como por la solidaridad entre los pueblos de Oriente Medio en la lucha contra el imperialismo, el colonialismo y el despotismo.
L’Anticapitaliste – 809 (16/07/2026)
https://lanticapitaliste.org/actualite/international/iran-reprise-des-bombardements-et-crise-interne
Traducción: satorzulogorria
