
Édouard Soulier//
Octubre de 2023 ha provocado una aceleración del doble proyecto colonial que representa Israel. Por un lado, crear un espacio de asentamiento mediante la confiscación de las tierras que considera suyas; por otro lado, imponer su “normalización”, es decir, la aceptación de Israel como potencia militar única y dominante en la región. Al no tener fronteras claramente establecidas, esta “normalización” se basa sobre todo en su superioridad militar y en el apoyo de las potencias occidentales.
Someter a las demás potencias regionales
La perspectiva del “Gran Israel” -un territorio “histórico” que se extiende en gran medida a los países vecinos— sigue siendo concretamente inalcanzable y tiene que ver sobre todo con un eslogan propagandístico. Pero, durante los últimos tres años, Israel ha multiplicado los avances territoriales: extensión del control en la zona C, línea amarilla en Gaza, anexión del Golán, apertura de un corredor en Siria y, desde la ofensiva en el Líbano, imposición de una nueva «línea amarilla» en el sur del país.
Israel se presenta como una fortaleza sitiada y como como una potencia capaz de proyectar su fuerza. Esta contradicción está en el corazón de su doctrina: invocar una amenaza existencial mientras contribuye a producirla con sus propias acciones. Una profecía autorrealizadora que sirve para someter a las potencias regionales. El ataque contra Irán se inscribe en esta lógica: Israel debe seguir siendo la potencia dominante de la región. Para ello, es necesario imponer la idea de que sería la única democracia de Oriente Medio, una cabeza de puente de Occidente frente a una supuesta barbarie oriental, y mantener una superioridad militar abrumadora. Moldeada desde hace más de 80 años, esta política de “Estado paria” pesa sobre todos los países vecinos y los obliga a adaptar su propia política, a menudo en detrimento del bienestar de sus pueblos.
La doctrina del “Qualitative Military Edge”
De hecho, Israel tiene una clara superioridad militar sobre todos los países vecinos, tanto en el entrenamiento, la organización y la disciplina como en la calidad del equipo. Por lo tanto, se beneficia de una ventaja (edge) sobre todos los demás Estados de la región. Por ejemplo, Israel tiene alrededor de 250 aviones de combate, principalmente F-16, así como varias docenas de aviones muy modernos como los F-35. A modo de comparación, Egipto, aunque diez veces más poblado, no tiene ni el doble. E Israel todavía planea comprar 55 nuevos aviones de combate para 2026, casi la mitad de los cuales son F-35.
Esta superioridad no es por casualidad. Se basa en el Qualitative Military Edge/Ventaja militar cualitativa(QME), una doctrina estadounidense heredada de la Guerra Fría que tiene como objetivo garantizar a Israel la capacidad de combatir y vencer a cualquier amenaza militar convencional creíble proveniente de un posible Estado o coalición de Estados o actores no estatales, mientras sufre daños y pérdidas mínimos, gracias al uso de medios militares superiores». En otras palabras, se trata de mantener permanentemente la ventaja militar de Israel, proporcionándole las armas más avanzadas y limitando -o retrasando- el acceso de sus vecinos a equipos equivalentes.
Esta doctrina también se inscribió en la ley estadounidense en 2008: cualquier venta de armas estadounidenses a un país de Oriente Medio no debe deteriorar la ventaja militar de Israel. En realidad, formaliza una práctica ya vigente desde 1967. Así, Israel adquirió los F-15 en 1976, seis años antes que Arabia Saudita, y luego los F-16 en 1980, tres años antes que Egipto. En 2010, la administración Obama autorizó de nuevo la venta de 20 F-35 adicionales a Israel para preservar su QME, en respuesta a una venta de armas a Arabia Saudita.
Una industria militar en expansión
Este apoyo refuerza la posición de potencia dominante de Israel, que también la utiliza para reforzar su industria militar. Su participación en las exportaciones mundiales de armas alcanzó el 4,4% en el período 2021-2025, frente al 3,1% entre 2016 y 2020. Israel es ahora el séptimo exportador mundial de armas, por delante de Gran Bretaña. Al mismo tiempo, sigue siendo el decimocuarto importador mundial: la mayor parte de su armamento proviene de Estados Unidos (68%), y luego de Alemania (31%). Su presupuesto militar sigue aumentando: de 25 mil millones de dólares antes de 2023, ha aumentado a 45 mil millones en 2025 y casi 60 mil millones están previstos para 2026. A modo de comparación, el presupuesto militar francés asciende a unos 45 mil millones. Netanyahu también anunció un plan de 108.000 millones de dólares en diez años para desarrollar una industria armamentista israelí más independiente.
Continúa con el mismo discurso de un país autónomo y “asediado”, cuando Israel sigue dependiendo de los 5 mil millones de dólares en ayuda directa estadounidense y de las ventajas relacionadas con el QME. La guerra contra Irán envía un mensaje claro a toda la región: Israel pretende poder imponer su ley en todas partes y no tolerar ninguna competencia. Estado imperialista, colonial y genocida, cuenta con un apoyo estadounidense que no solo tiene como objetivo su defensa, sino también la consolidación de su dominio regional.
Semanario L’Anticapitaliste – 792 (19/03/2026)
https://lanticapitaliste.org/arguments/international/grand-israel-une-volonte-hegemonique-regionale
Traducción: Satorzulogorria
