
(Martin Hache)
Ante el movimiento de estudiantes de secundaria y la ira contra la vida cara, el gobierno multiplica la violencia policial y los obstáculos al derecho a manifestarse. Una fuga hacia adelante que no ha logrado silenciar la movilización.
Cerca de 10 000 detenciones. Un manifestante muerto. Manos arrancadas, toques de queda, helicópteros sobre las manifestaciones. El movimiento de la escuela secundaria ha hecho dar un nuevo paso a una dinámica represiva iniciada hace una década.
Una dinámica represiva
Desde la presidencia de François Hollande, y más particularmente desde el movimiento contra la ley laboral en 2016, el nivel de represión contra el movimiento social no ha dejado de aumentar.
Comenzó con el control cada vez más fuerte de las manifestaciones, las detenciones masivas, el uso constante de gases lacrimógenos y las trampas policiales. Luego hubo ojos perforados y manos arrancadas durante el movimiento de los chalecos amarillos, con el uso masivo de granadas ensordecedoras o de aturdimiento.
Luego vinieron las multas por participar en una manifestación no autorizada, especialmente durante las primeras manifestaciones en solidaridad con Palestina. Las condenas también son cada vez más severas, con penas de prisión y prohibiciones de manifestarse.
Todo esto sin contar la violencia policial diaria en los barrios populares, violencia que mata, como en el caso de Nahel (Nahel Merzouk, joven asesinado por disparo de la policía en Nanterre en 2023 ndt) entre muchos otros.
Pero si creíamos que habíamos alcanzado la máxima represión posible sin caer en una dictadura, estábamos equivocados.
La policía por toda respuesta
La primera respuesta del gobierno fue enviar a la policía a los centros de enseñanza bloqueados, y la segunda también. Un ojo perforado, una mano amputada y una mandíbula fracturada: esto es lo que el poder considera proporcional a unos cuantos incendios de contenedores de basura. Sindicalistas, padres de alumnos e incluso electos como Bally Bagayoko (elegido alcalde de Saint Denis en las municipales de 2026, LFI ndt) tuvieron que ponerse en primera línea para proteger a los jóvenes.
El 17 de octubre hubo una explosión social, con miles de personas en la calle, escaparates rotos y tiendas saqueadas. El gobierno respondió por tercera vez de la misma manera: manos arrancadas, penas de prisión, toques de queda, prohibiciones de manifestación, helicópteros de vigilancia. Un manifestante murió de un paro cardíaco después de ser gaseado, en condiciones que aún no se han aclarado.
El proyecto de ley “casseurs-payeurs /quien rompe, paga”, examinado en el Senado a partir del 27 de octubre, permitiría cobrar hasta 10.000 euros a los miembros de un grupo que ha realizado daños, incluso sin participación personal en ellos. La Comisión de Leyes también ha añadido el RSA (renta minima garantizada) a las prestaciones embargables, junto con los subsidios familiares y las APL (ayudas a los alquileres).
Un estado de emergencia no declarado
Los toques de queda, las prohibiciones de manifestarse y los cambios de recorrido impuestos por la prefectura muestran la voluntad del gobierno de obstaculizar el derecho a manifestarse. Emmanuel Macron ha llegado a declarar que cualquier concentración convocada por organizaciones que no sean las organizaciones sindicales “serias” es ilegítima y debe ser prohibida. Según el medio Blast, el primer ministro Sébastien Lecornu habría llegado a intentar crear un dispositivo para cortar el acceso a las redes sociales durante las manifestaciones del 24 de octubre.
El gobierno también prevé prohibiciones de manifestación para personas consideradas susceptibles de perturbar el orden público y la eliminación del límite de los drones judiciales. Una enmienda gubernamental quiere aplicar los procedimientos contra el contenido terrorista a los llamamientos a la “insurrección” en las redes sociales: retirada (de dichos contenidos) en una hora, con posible bloqueo y desreferenciación de los sitios.
Macron actúa como si hubiera declarado el estado de emergencia, sin siquiera asumirlo.
La estrategia del miedo no ha funcionado
El gobierno no quiere responder a las reivindicaciones del movimiento de la escuela secundaria. El gobierno no quiere satisfacer las necesidades de la población frente a la vida cara. Porque eso implicaría tomar dinero de los más ricos y revisar la degradación de los servicios públicos que se ha implementado sistemáticamente durante diez años. No es su proyecto.
La movilización ha arrancado los primeros anuncios de financiar algunas mejoras el 26 de octubre. Pero al día siguiente, el Ministro de Cuentas Públicas exigió “ahorros adicionales” para financiar las medidas prometidas: la austeridad sigue siendo la regla.
Macron prefiere intentar desarticular el movimiento mediante la represión, el miedo y el cansancio. Pero la ira es tan profunda que su estrategia es perdedora: el movimiento no se ha dejado intimidar.
28/10/ 2026
Semanario L'Anticapitaliste - 820 (29/10/2026)
https://lanticapitaliste.org/actualite/politique/la-repression-monte-encore-dun-cran
Traducción: satorzulogorria
