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M.Labeaga/--

Más de 120 familias de Los Ochos resisten el desalojo tras la venta de sus casas a Mosaic

Erandio salió ayer a la calle. Cientos de personas arroparon a las familias de Los Ochos contra una operación inmobiliaria que convierte hogares en activos financieros.

No son números. Son más de 120 familias. Algunas llevan más de una década viviendo allí. Los primeros contratos vencen en semanas y la nueva propiedad no quiere renovar. La alternativa: comprar por 300.000 euros o marcharse. A otras se les ofrece dinero para irse antes. Hay pisos que ya se están comercializando mientras siguen habitados.

O compras, o te vas. Y frente a eso, una respuesta: «Nos quieren echar, pero no nos vamos».

NO ES ALQUILER. ES PODER

Los Ochos no es una cartera de pisos. Es un barrio. Son casas donde se han criado hijos, donde se han construido vidas y proyectos.

InmoCaixa, la inmobiliaria de La Caixa, vendió en bloque a Mosaic. Desde entonces, negativas a renovar y una estrategia para sacar las viviendas al mercado.

Para el fondo, una cartera. Para quien vive dentro, su casa.

La diferencia no es semántica: es tener un techo o quedar a merced de un mercado que decide cuánto vale tu vida por metro cuadrado.

DE INMOCAIXA A MOSAIC

Las familias pagaron sus alquileres durante años. Ahora el cambio de propietario puede significar el fin de su permanencia.

Vecinos y LAB exigen negociación colectiva y alquileres adaptados a los ingresos de quienes ya viven allí. Y lanzan una pregunta que nadie debería poder esquivar:

¿Para quién existe la vivienda?

Si puedes pagar el alquiler pero no reunir 300.000 euros para comprar tu casa, el problema no es que no necesites vivienda. El problema es que la vivienda se ha convertido en un negocio al que las familias trabajadoras no pueden competir.

EL DESAHUCIO EMPIEZA ANTES

No empieza con la comisión judicial. Empieza con la incertidumbre, con el contrato que no se renueva, con la búsqueda desesperada de otro piso.

Mariví tiene 78 años, lleva 16 viviendo en Los Ochos y su contrato vence el 1 de octubre. No encuentra alternativa.

No hace falta dormir en la calle para entender el problema.

El desahucio empieza mucho antes de que llegue la policía.

LA CALLE RESPONDE

Los vecinos no eligieron resignarse. Eligieron organizarse. Acción colectiva, exigencias a las instituciones y movilización el 24 de septiembre junto a LAB.

No defienden solo a quienes viven en esos bloques. Defienden algo mucho más básico:

que nadie debería perder su casa porque un fondo quiera aumentar su rentabilidad expulsando a quienes ya viven en ella.

Exigen que Mosaic negocie, que cesen las presiones y que las instituciones intervengan.

Y han decidido que esta batalla no se libra familia por familia.

¿Y LAS INSTITUCIONES?

El Ayuntamiento apoya. El Gobierno Vasco anuncia «máxima prioridad» para declarar Erandio zona tensionada y advierte de sanciones.

Pero las declaraciones llegan con el reloj corriendo: 14 contratos vencen antes de fin de año.

Son 14 hogares que no pueden esperar a la burocracia.

La pregunta no es qué harán. Es qué están dispuestas a hacer antes de que las familias sean expulsadas.

Porque llegar después del desahucio no es lo mismo que impedirlo.

MARI CARMEN YA NOS HA ENSEÑADO CÓMO TERMINA ESTA HISTORIA

Hay una imagen que estos días debería estar presente en Los Ochos.

La de Maricarmen, 87 años, saliendo de su casa en Madrid en una ambulancia después de que un fondo de inversión consiguiera ejecutar su desahucio. Llevaba alrededor de siete décadas viviendo allí. Nunca dejó de pagar los 500 euros mensuales que podía asumir, pero la propiedad acabó reclamando hasta 1.650 euros, una cantidad superior a su pensión.

Antes hubo ofertas de compra que no podía afrontar, cambios de propietario, negociaciones y movilizaciones. Después llegaron los procedimientos judiciales. Y finalmente, el desahucio.

No es la misma historia que Los Ochos. Pero responde a una lógica demasiado parecida: convertir una vivienda habitada durante décadas en una oportunidad de negocio y trasladar el coste de esa operación a quienes viven dentro.

La diferencia es que en Los Ochos todavía se está a tiempo.

Por eso la movilización de Erandio no es una protesta más. Es una batalla contra un modelo que convierte a los inquilinos en obstáculos para la rentabilidad inmobiliaria.

Maricarmen tenía 87 años. En Los Ochos hay familias enteras, personas mayores, trabajadores y trabajadoras que llevan años construyendo allí sus vidas.

¿Hay que esperar a las camillas, a las órdenes judiciales y a las puertas cerradas para admitir que existe un problema?

No.!!!

Lo ocurrido en Madrid demuestra algo elemental: cuando la vivienda queda sometida exclusivamente a la rentabilidad, el contrato termina pesando más que la vida de quien lo habita.

Y por eso Los Ochos no puede convertirse en otro caso Maricarmen.