
Mikel Labeaga//---
Los ricos no creen en la patria. Nosotros tampoco deberíamos. Cuando tu empresa dice "somos una familia", está mintiendo; cuando dice "compromiso con la nación", está facturando. El mismo capital que te exige orgullo nacional se muda de país como quien cambia de chaqueta: deslocaliza, especula, infla. Las fronteras son muy firmes para los de abajo y muy flexibles para los de arriba. En 1848, Marx y Engels escribieron la frase que aún incomoda a los dueños de todo: "Los trabajadores no tienen patria". No era provocación. Era sociología. Y casi dos siglos después, cada hipoteca, cada subida de tipos en Washington y cada guerra que se paga en el supermercado les da la razón..
Llevamos décadas hablando de la globalización como si fuera un descubrimiento reciente. Marx y Engels la explicaron en 1848, en una veintena de páginas, y de paso dejaron escrito el manual de instrucciones de nuestro presente.
Fijémonos en la próxima campaña electoral. Escucharemos mucho hablar de "defender la nación", de "poner fronteras", de "recuperar la soberanía". Luego observar lo que hace el capital, que no discursa: cuando le conviene, atraviesa las fronteras sin pasar por aduana. Deslocaliza, infla, especula, se muda de país como quien cambia de chaqueta. Las fronteras resultan muy firmes para los de abajo y muy flexibles para los de arriba..
En 1848, dos jóvenes alemanes escribieron una frase que aún incomoda: "Los trabajadores no tienen patria". No era lírica revolucionaria ni pose filosófica. Era sociología. El internacionalismo de Marx y Engels no nacía del sentimiento sino del análisis: el capitalismo se desarrolla como sistema mundial, y de la suma de economías y mercados nacionales emerge un todo indivisible e interdependiente, el mercado mundial. Si el enemigo opera a escala planetaria, la emancipación solo puede ser planetaria. El comunismo, escribió después el movimiento, es internacionalista o no es nada. Y el internacionalismo sin internacional no es sino una mueca una palabra o eslogan para poner en nuestro colectivo.
Aquella predicción se ha confirmado casi como en un laboratorio. Un 'smartphone' diseñado en California, ensamblado en Asia y alimentado con minerales africanos. Una subida de tipos de interés en Washington que encarece la hipoteca en Madrid. Una guerra en Europa del Este que se paga en el supermercado. La dominación del mercado mundial es, sencillamente, el hecho más decisivo de nuestra época..
Por eso sostengo una herejía: no hay libro más moderno que el Manifiesto Comunista. Ni mayor necesidad que reforzar la internacional, En mi caso de la corriente a la que siempre me he sentido ligado La IV Internacional.
Se nos presenta como pieza de museo, con cláusula de asignatura y vitrina. Es exactamente al revés. Explica la división de la sociedad en clases, el fenómeno de la globalización, las crisis periódicas de sobreproducción, el carácter del Estado y las fuerzas motrices del desarrollo histórico. Casi dos siglos después, ningún ensayo de análisis político se le acerca.
Ahora bien, y aquí está la trampa: las ideas, incluso las correctas, no bastan. Sin expresión organizativa se quedan en sobremesa. Marx y Engels lo sabían, y por eso no trabajaron para construir un partido alemán sino una Internacional. Dedicaron su vida a dotar a la clase obrera de organización internacional, un hilo que retomarían Lenin, Trotski, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Distintas generaciones, un mismo objetivo..
La Asociación Internacional de los Trabajadores, la Primera Internacional, nació despareja, con una composición muy heterogénea. Dentro de ella, Marx y Engels tuvieron que librar una batalla de ideas en dos frentes: contra el reformismo oportunista de ciertos dirigentes sindicales, convencidos de que se puede conciliar lo irreconciliable, y contra las tendencias anarquistas, ultraizquierdistas y sectarias, prisioneras de su propia pureza.
Es muy posible que la IV tenga muchas carencias, que sus posiciones a veces no sean compartidas por alguna sección o que la actividad de alguna de ellas no esté totalmente de acuerdo con la visión de otra. Pero en una época como la actual, donde cada vez es mas clara la existencia de una internacional neofascista, la necesidad de combatir el repliegue nacionalista a la organización nacional…ese repliegue es un crimen.
Es un crimen ver como militantes de una organización que supuestamente es sección de una internacional, tenga un desconocimiento real de ser parte de la misma… No vivir esa organización internacional o cada una de sus secciones como la vida propia del colectivo.
¿Le suena? Debería. Los comunistas de hoy se enfrentan exactamente a los mismos adversarios. Han cambiado los nombres; el contenido, no.
Y una precisión necesaria contra la calumnia de siempre. La imagen del Marx autoritario, imponiendo dogmas a golpe de cita, es invención de los enemigos burgueses del comunismo. Con los obreros de tendencia reformista, Marx desplegó un tacto y una paciencia inmensos. Así se lo confesaba a Engels por carta:
"Fue muy difícil disponer la cosa de manera que nuestra vieja concepción apareciera en una forma aceptable desde el punto de vista actual del movimiento obrero [...] Tomará cierto tiempo hasta que el movimiento reanimado se permita la antigua audacia de expresión. Será necesario ser fortiter in re, suaviter in modo".
Audaz en las cosas, suave en la forma. No he leído mejor consejo para quien quiera hacer trabajo serio en las organizaciones de masas de la clase obrera: firmeza en las ideas, paciencia en el trato..
Los trabajadores no tienen patria. Pero, como recordaba el propio Manifiesto, Tampoco tienen nada que perder salvo sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganará. Ganárselo sigue siendo la tarea pendiente.
La próxima vez que alguien le diga que el Manifiesto es historia antigua, pídale que le explique su hipoteca.
VIVA LA INTERNACIONAL!!
