
Paul Martial//
Víctimas de la propaganda, muchos jóvenes africanos en busca de una vida mejor llegan a Rusia. Sin embargo, solo encuentran la violencia de la guerra, y con demasiada frecuencia, la muerte.
Para paliar la falta de soldados, las autoridades rusas han puesto en marcha campañas de reclutamiento en África, primero a través de los mercenarios de Wagner, antes de que estas redes se diversificaran.
Redes en manos de una élite corrupta
La contratación se dirige a dos tipos de perfiles.
Se recluta a mujeres jóvenes para proporcionar mano de obra al complejo militar-industrial de Alabuga, situado en Tartarstán. Se les promete una formación y un buen salario. Las campañas publicitarias ocultan cuidadosamente que se trata de trabajar en fábricas de drones para el conflicto, a veces expuestas a bombardeos ucranianos.
Un reclutamiento más discreto se dirige a los hombres enviados al frente. Las promesas de contratación evocan trabajos no combatientes -chóferes, enfermeras o cocineros-, pero la realidad es muy diferente. Estas redes, muy lucrativas, están dirigidas por empresarios y políticos. En Uganda, por ejemplo, el diputado Edson Rugumayo, miembro del partido gobernante y delegado de la Juventud, desempeña un papel clave. En Sudáfrica, la empresaria Lebogang Zulu, representante de su país en la “BRICS Women’s Business Alliance”, también está involucrada, al igual que una de las hijas del expresidente Jacob Zuma, cuyo partido, el MK, muestra posiciones abiertamente prorrusas.
El caso más emblemático sigue siendo el de Kenia, donde el gobierno de William Ruto anima activamente a los jóvenes a emigrar. Alfred Mutua, Ministro de Trabajo, animó a los jóvenes, en el marco del programa de “movilidad laboral”, a ir a trabajar a Rusia, contribuyendo así a legitimar la idea de que este país era un destino seguro. Así es como cientos de kenianos y kenianas se encontraron en el frente.
De la esperanza al infierno
Para las mujeres jóvenes, las condiciones de vida y de trabajo son particularmente difíciles. El salario real es mucho más bajo de lo que se les prometió. La vigilancia es constante, no pueden salir libremente y viven confinadas en dormitorios. Manipulan productos tóxicos sin ninguna protección.
En cuanto a los jóvenes, tan pronto como llegan al aeropuerto, sus pasaportes son confiscados. Firman un contrato en ruso, que no entienden, y luego siguen un entrenamiento de tiro sumario de dos semanas antes de ser enviados al frente, a menudo a las zonas más peligrosas. Sus regimientos están compuestos principalmente por extranjeros, pero también por rusos que han salido de la cárcel o son drogadictos. La única salida es a veces lesionarse voluntariamente o intentar cruzar las líneas ucranianas. Sin pasaporte, su repatriación se vuelve casi imposible.
Las movilizaciones de las familias han contribuido a poner de relieve este tráfico de seres humanos, hecho posible por la duplicidad de una élite africana cómplice de una jerarquía militar rusa criminal.
Semanario L´Anticapitaliste 788 (19/02/2026)
https://lanticapitaliste.org/actualite/international/quand-la-russie-puise-sa-chair-canon-en-afrique
Traducción: Faustino Eguberri
