
(Tomado de OrientXXI)
Los dirigentes de las colonias israelíes eluden sin dificultades las legislaciones occidentales y reciben numerosas ayudas que gozan de deducciones fiscales. Un documental de Al Jazeera English revela estas prácticas ilegales pero toleradas.
El documental Complicit: How the West is Helping Israel Seize the West Bank (“Cómplices: Cómo Occidente ayuda a Israel a apoderarse de Cisjordania”), de Al Jazeera English, contiene imágenes que resultan difíciles de ver. Bandas de colonos israelíes que se acercan a un grupo de lugareños palestinos sentados en sillas frente a sus casas y empiezan a golpearlos a palazos, incluso a mujeres y a niños. Un soldado que parece haber acompañado a los atacantes apunta con su fusil de asalto a los palestinos que intentan defenderse. Las secuencias siguientes muestran a niños a los que les disparan a distancia en la calle y se derrumban en el suelo, mientras llaman a su madre. También hay imágenes de hombres sedientos de violencia apaleando a mujeres que intentan cosechar sus aceitunas y colonos en cuatriciclos que dispersan a un rebaño de ovejas, mientras otros las roban. Uno de ellos resume la situación, en inglés: “¡Yo gano, usted pierde una vez más!”.
El brazo armado de Israel
Esto es lo que sufre a diario la mayoría de los palestinos en Cisjordania: acoso, humillación, tortura, asesinato. Los videos grabados por las cámaras de vigilancia, pero también por los propios autores de los delitos, traducen la realidad del terreno. No son, como muchas veces escuchamos y leemos en la prensa, lamentables “hechos de violencia de colonos extremistas”. Esas personas son el brazo armado del Estado de Israel en su proyecto de limpieza étnica de lo que queda de los territorios palestinos. El Estado las instala, las mantiene y las arma, dado que les suministra uniformes y armas, a tal punto que resulta imposible distinguirlas del ejército regular, donde, por otra parte, prestan servicio.
Pero eso no es todo. Esas bandas criminales también reciben importantes donaciones privadas provenientes de Occidente. El documental empieza recordando la existencia de la Organización Sionista Mundial, que reúne a numerosas instituciones del mundo y, a través de una “División de Asentamientos” financiada por el Estado de Israel, administra las tierras confiscadas a los palestinos y las otorga a los colonos. El documental luego se dedica a revelar las ayudas occidentales directas para la limpieza étnica de Cisjordania ocupada y de Jerusalén Este, anexada ilegalmente.
Eludir fácilmente la legislación europea
Las expulsiones de habitantes, las prohibiciones de edificar nuevas casas, las camionetas 4x4, los chalecos antibalas, los cascos y a veces incluso las armas, todo es financiado en muchos casos con dinero recaudado a donantes occidentales por asociaciones militantes, desafiando abiertamente las legislaciones de los países de origen, que prohíben la ayuda militar a beligerantes. El proceso es simple: las donaciones van a plataformas de beneficencia y luego, gracias a algunas manipulaciones, aterrizan en las cajas de organizaciones israelíes que apoyan la ocupación. Los periodistas utilizaron identidades falsas para contactar a los actores israelíes de esas estructuras, se hicieron pasar por personas que deseaban financiar la limpieza étnica y, de ser posible, recibir las deducciones impositivas asociadas a las donaciones para causas humanitarias.
El documental también demuestra que es fácil eludir las reglamentaciones, ya que los Estados no siempre parecen urgidos por hacerlas respetar. La investigación se desarrolló en 2025 en varios países anglohablantes, principalmente Reino Unido, Estados Unidos y Canadá (sería interesante ver qué sucede en Francia). En una de las secuencias más impactantes, el presidente de la asociación Ateret Cohanim, comprometida con la “judaización” de Jerusalén Este, afirma sin reparos que se le puede enviar dinero para comprar armas: “Un fusil puede costar 4000 séqueles [1200 euros] y eso puede representar la mitad de un salario de nuestros asociados, que no son la flor y nata de la sociedad”. Desde luego que financiar la compra de armas está prohibido, pero hay una forma fácil de ignorar la ley y, además, recibir crédito fiscal: hacer una donación a través de la plataforma UK Toremet, que administra todo tipo de contribuciones caritativas, e indicar el destinatario. “La asociación sin fines de lucro que hemos creado, y que parece más correcta, si usted comprende lo que quiero decirle…”, dice el presidente de la asociación mientras hace mímicas burlonas y dibuja en el aire un par de comillas. “La asociación trabaja en educación, turismo, ese tipo de cosas, pero nosotros recibimos el dinero.”
“Su nombre no aparecerá”
La Charity Commission de Reino Unido, que tiene a su cargo supervisar el sector de la beneficencia, parece no tener nada que objetar. Otra asociación, Regavim, que presenta denuncias judiciales para prohibir que los palestinos obtengan permisos para construir, utiliza la misma plataforma para borrar las pistas. “Su nombre no aparecerá. No queda ningún rastro”, asegura la presidenta al periodista que se presenta como posible donante. El documental expone así un sinfín de grupos en el mundo anglohablante, como Israel Magen Fund, que dice entregar “equipos no letales” a las milicias de las colonias Yehuda y Shomron. “No entregamos armas, sino todo lo que está a su alrededor”, dice su representante. “Mejores anteojos de tiro, mejores cascos… Los fusiles los suministra el ejército”. La asociación también entrega drones y 4x4 utilizados por los colonos locales para acosar a sus vecinos palestinos, aterrorizar a los niños y dispersar los rebaños de ovejas, como muestra un video. La distinción no es pertinente: la Charity Law británica no diferencia entre armas y otros materiales militares. La filial británica de la asociación recauda decenas de miles de libras y se limita a afirmar que las compras van a los civiles.
Sin embargo, en un video, el propio Consejo del distrito de Shomron, una colonia del norte de Cisjordania, afirma que recibe armas de países occidentales. Un grupo de milicianos, vestidos y armados como militares, se coloca frente a la cámara. Un hombre barbudo con anteojos señala una por una las diferentes partes de su equipamiento: “Muchas gracias a los amigos de Shomron de Estados Unidos y del mundo entero por estos chalecos antibalas, estos cascos y estos fusiles”. Las cifras aparecen en pantalla y acompañan croquis que representan armas: 430 fusiles de asalto, 640 metralletas, 400 pistolas automáticas, entre otros. “Sienten tanta impunidad que se creen autorizados a publicar esos videos bien editados y a hacer pública al mundo entero su voluntad de infringir las leyes internacionales”, comenta la experta en derechos humanos Mira Naseer. “Hoy –declara el presidente del distrito de Shomron, con un arma en bandolera frente a una pared de la que cuelgan decenas de fusiles– hemos podido adquirir centenares de fusiles Arad, el que utilizan las unidades de élite del ejército, gracias a los Amigos de Shomron en Estados Unidos, Canadá y Francia”. El documental no indica cómo se transfirieron dichos fondos.
No se trata solo de armas; una secuencia muestra a los representantes de una agencia inmobiliaria israelí alardeando ante el periodista, que se presenta como un occidental interesado en hacer una compra, sobre una inversión en una de las colonias que crea un cinturón de construcciones que separa a Belén de Jerusalén: “Observe el mapa. En el camino, usted no pasará por ningún pueblo árabe. Uno se lleva la impresión de que es parte de Israel”. El sitio oficial del gobierno del Reino Unido desaconseja invertir en Judea y Samaria”, dice el periodista, utilizando los nombres bíblicos de Cisjordania. “¿Usted tiene muchos compradores británicos? –Sí, eso no le preocupa a nadie”, responde el agente inmobiliario. Otro agrega: “Si usted es extranjero, no tendrá que pagar ningún impuesto, dado que, oficialmente, esto no forma parte del Estado de Israel”.
Desde el río hasta el mar
Sin embargo, “es absolutamente ilegal vender bienes en territorio ocupado”, señala Francesca Albanese, la relatora especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados. “De Jerusalén a Belén, esas nuevas urbanizaciones estarán pobladas por colonos presuntamente ‘moderados’ y ‘liberales’, provenientes de países anglohablantes, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Sudáfrica, Australia”, ironiza el periodista israelí de izquierda Gideon Levy. “Se sentirán tranquilos consigo mismos, porque no tienen nada que ver con los colonos violentos. Ellos son liberales, demócratas. El hecho de que vivan en tierras robadas no se menciona en absoluto.”
Las organizaciones involucradas respondieron a Al Jazeera English por las negativas de rigor. Ateret Cohanim asegura que Jerusalén fue anexada legalmente y que los judíos son “el único pueblo originario en la tierra de Israel, desde el río hasta el mar” [es decir, desde el Jordán hasta el Mediterráneo]. La Charity Commission del Reino Unido indica “nuevas reglas dictadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores” e “invita” a los autores del documental a “presentar sus pruebas”. Sin embargo, la situación está cambiando y esa misma comisión acaba de anunciar la apertura de una investigación sobre el financiamiento ilegal de las colonias1.
