
Compañeras y compañeros venezolanos en el exilio
Las y los venezolanos siguen en estado de shock después de los bombardeos estadounidenses, con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el asesinato de más de 100 personas. La situación económica, social y política es motivo de gran preocupación.
El asombro y la preocupación atraviesan toda la sociedad, independientemente de las posiciones políticas de cada cual. Sin embargo, la vida debe reanudarse: las escuelas han reabierto este lunes, hay que salir, trabajar, organizarse. Esta normalidad forzada convive con una angustia persistente y un sentimiento de gran incertidumbre de cara al futuro.
Una economía bajo el control imperialista
A nivel material, la situación está marcada por una preocupación difusa pero profunda. El mercado paralelo se está acelerando, reavivando el temor a un regreso de la hiperinflación que había tenido efectos devastadores en las condiciones de vida. Los mercados negros, que pasan por las divisas y las criptomonedas, complican los cálculos más básicos de la vida cotidiana.
De hecho, la economía está bajo un control imperialista. El petróleo venezolano no circula libremente, las sanciones siguen pesando mucho y la dependencia de las importaciones hace que la población sea particularmente vulnerable. Se requiere una gran vigilancia, mucha gente teme la escasez de alimentos y medicamentos.
Una situación política bloqueada
En el campo político, la situación está bloqueada. Las únicas movilizaciones autorizadas son las organizadas por el gobierno. Se basan en parte en la coerción, pero también en el apoyo real de una parte de la población. En las elecciones de 2024, el poder obtuvo alrededor del 30% de los votos. El chavismo oficial sigue siendo una fuerza política con una base en la población, alimentada por mecanismos de dependencia, pero también por profundos apegos simbólicos a lo que representó la dinámica de la revolución bolivariana.
Cualquier movilización independiente es impedida o reprimida. Una manifestación sindical prevista para el día 15 ha sido cancelada. La izquierda disidente no tiene hoy espacio para expresarse públicamente, y mucho menos en la calle.
Las únicas ocupaciones callejeras no gubernamentales que pueden tener lugar son las de las familias de presos políticos. Se reúnen en forma de vigilias estáticas, para esperar noticias frente a los lugares de detención. El gobierno ha despertado la esperanza al anunciar la liberación de 400 prisioneros. De hecho, solo parece que se han producido una quincena de liberaciones hasta el momento.
Acceso restringido a la información
La información sobre la situación en el país es limitada: prácticamente no hay más informaciones de primera mano accesibles desde el exterior.
El control de la información por parte del régimen ya era muy fuerte antes del ataque de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Para dar una idea, durante la instalación de la nueva Asamblea Nacional hace un año, el 5 de enero de 2025, un evento muy institucional, poco sensible, se detuvo a una decena de periodistas. Aunque fueron liberados rápidamente, fue una señal clara enviada a la prensa.
Hoy en día, el acceso a la información se ha vuelto aún más difícil. Los periodistas internacionales se mantienen en gran medida alejados, se les impide entrar en el país o se les despide en cuanto llegan al aeropuerto. En este contexto, la información circula a través de redes activistas y sindicales. Pero el miedo, la vigilancia y la autocensura preventiva pesan mucho sobre los comunicados y las tomas de palabra. Nuestra información proviene principalmente de nuestros contactos personales allí, a través de nuestras y nuestros compañeros venezolanos exiliados.
Semanario L’Anticapitaliste – 783 (15/01/2026)
Traducción: Satorzulogorria
