satorzulo gorria

Daniel Tanuro/

«Rusia solo puede ganar la guerra», «Rusia nunca ha sido derrotada», «¡Qué ingenuo es pensar que se puede derrotar a un país con armas nucleares!», etc. Este estribillo (inexacto), originado en el Kremlin, es difundido con insistencia por la derecha, la extrema derecha y cierta izquierda “radical».

Vimos recientemente una ilustración de esto en Bélgica, cuando todos los partidos representados en el Parlamento, desde el Vlaams Belang hasta el PTB, apoyaron a De Wever en el caso de los activos rusos congelados en Euroclear.

Solo unos pocos valientes, como Cogolati, se negaron a la unión sagrada Los demás deberían reconsiderar seriamente sus acciones: con su postura han contribuido a fortalecer la coalición más derechista, violentamente antisocial y antidemocrática que el país ha conocido desde la Segunda Guerra Mundial . Basta con leer los elogios que la prensa ha dedicado al Primer Ministro para comprenderlo. En medio de una movilización sindical contra la austeridad, este apoyo a De Wever-Bouchez supone un duro golpe para el movimiento social.

El colmo es que esta narrativa se oye cada vez con más fuerza, aunque no refleje la realidad del campo de batalla. Ciertamente, Rusia domina (¡no es de extrañar, dado que cuenta con el segundo ejército más poderoso del mundo!). Pero solo está mordisqueando la línea del frente; no está abriendo brecha. Y su avance es cada vez más lento, a costa de terribles pérdidas de hombres (¡1,4 millones!) y equipo. Ya sea en columnas blindadas o en pequeños grupos de infantería, los ataques rusos están siendo diezmados por los drones, que los ucranianos operan con notable habilidad.

La resistencia ucraniana es verdaderamente admirable, a pesar de los frenos occidentales (y del neoliberalismo de Zelenski). Pero es más que simple resistencia. En Kupyansk, la contraofensiva expulsó a los rusos de la ciudad que el propio Putin afirmaba haber conquistado definitivamente. ¡Una auténtica bofetada para el Kremlin! En Pokrovsk, las tropas de Putin aún no han tomado el control del territorio (¡tras 700 días de asaltos!). Al norte de Pokrovsk, el ejército ucraniano ha recuperado cinco aldeas. En Ulaipole, los invasores se jactaron de haber ganado, e incluso de ocupar el cuartel general de la defensa territorial. Es cierto, pero las tropas ucranianas están contraatacando y han montado posiciones en la ciudad.

Es una guerra de desgaste. Rusia resiste en particular porque su régimen neofascista ha atomizado completamente la sociedad, porque atrae voluntarios con salarios varias veces superiores al salario promedio (gracias a los ingresos del petróleo, etc.), porque Trump y sus compinches la apoyan, y porque Europa aún cuenta con Putin para mantener el orden si es necesario. Ucrania resiste porque su población ha saboreado las libertades conquistadas desde 1991, tras décadas de opresión colonial (el zar, Stalin, Hitler, luego Stalin de nuevo y sus sucesores…). En general, y a pesar de las terribles penurias, los bombardeos de ciudades y los apagones, se niega a someterse a este neofascismo, cuyos efectos ve en los territorios ocupados… y en los cuerpos torturados de prisioneros de guerra intercambiados ocasionalmente con Moscú.

¿Cuál de los dos cederá? Trump claramente está haciendo todo lo posible para asegurar que sea Ucrania. La internacional neofascista y de extrema derecha lo apoya, al igual que China bajo su dictadura burocrática. Nada fuera de lo común. Lo que no es «normal» es que la mayor parte de esta supuesta izquierda «radical» y «auténtica», incluso «leninista», con el PTB (Partido de los Trabajadores de Bélgica) a la cabeza, se encuentre en la práctica en la misma sintonía que los peores enemigos de la clase trabajadora: ¡contra el derecho a la autodeterminación de los pueblos! Un derecho que Lenin, como recordatorio a los «marxistas-leninistas», consideraba un «principio absoluto», sin el cual «no hay internacionalismo”.

Cuál de los dos cederá? Es muy posible que sea Rusia. Tras la musiquilla cuidadosamente elaborada de una Rusia «invencible», las cosas van mal para Putin. Muy mal. Las refinerías de petróleo arden, los petroleros fantasma se hunden y la industria bélica ya no compensa las pérdidas en tanques, radares y otros equipos. Por eso la musiquilla se hace cada vez más fuerte. Por eso también el Kremlin no tiene intención de aceptar un alto el fuego, y mucho menos un compromiso territorial basado en lo que ha adquirido destruyendolo por completo.

¿Por qué esto es así? Porque si Putin no consigue al menos todo el Donbás, la gente en Rusia, especialmente los veteranos discapacitados y sus familias, se alzará y exigirá responsabilidades: ¿1,4 millones de muertos y discapacitados por esto? Y la información del frente muestra que Putin está muy lejos de conseguir el Donbás. Trump, Witkoff y Kushner querían obligar a Zelenski a cederlo, pero no lo conseguirán. Zelenski es un liberal, pero no un títere. No está dispuesto a cometer un suicidio político para que Trump y sus compinches puedan hacer lucrativos tratos con el Kremlin. Ucrania no puede aceptar darle a Putin lo que no ha podido conquistar, a pesar de toda su crueldad. Y la UE no puede permitirse el lujo de ignorar la negativa de Ucrania.

«No tienes cartas», le dijo Trump a Zelenski en febrero pasado. En realidad, es Putin quien cada vez tiene menos cartas que jugar en este juego. Putin, y en consecuencia también Trump, su cómplice.

Entonces, ¿la Ucrania es una victoria imposible? En el siglo XX , al menos dos países pequeños —Vietnam y Afganistán— vencieron a superpotencias con armas nucleares. Más allá de las diferencias obvias, estos dos países ganaron porque sus invasores, a pesar de sus enormes recursos, no conseguían ganar. El coste político o económico de su diplomacia de cañoneras se volvió insoportable. ¿A quién debería sorprender que la extrema derecha intente borrar estos hechos históricos de la mente de la gente? Sin embargo, es doloroso, y francamente vergonzoso, tener que recordárselos a activistas de izquierda, especialmente cuando se proclaman antiimperialistas.

¡Slava Ukraini! ¡Solidaridad con el pueblo ucraniano!

 Traducción: Satorzulogorria